<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-7678238456469006248</id><updated>2011-11-27T19:51:55.096-05:00</updated><title type='text'>Común Presencia ENSAYOS</title><subtitle type='html'>Antología de ensayos publicados en la revista Común Presencia. Textos de los colaboradores colombianos y extranjeros que han enriquecido las páginas de nuestra publicación. Director: Gonzalo Márquez Cristo. Coordinadora Editorial: Amparo Osorio.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://comunpresenciaensayos.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comunpresenciaensayos.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Cuento Breve</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>18</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7678238456469006248.post-7184511798978487416</id><published>2006-12-26T13:18:00.002-05:00</published><updated>2009-01-20T12:04:17.593-05:00</updated><title type='text'>Enrique Hernández D`Jesús</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_1B-d48kt0ms/SXYDaIOHQoI/AAAAAAAADNc/Keb_80kSqLo/s1600-h/Enrique+Hern%C3%A1ndez+y+Adonis.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 240px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_1B-d48kt0ms/SXYDaIOHQoI/AAAAAAAADNc/Keb_80kSqLo/s320/Enrique+Hern%C3%A1ndez+y+Adonis.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5293422159438758530" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family: arial; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Enrique Hernández con el poeta libanés Adonis&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(204, 0, 0);font-size:130%;" &gt;La summa del rostro&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Por &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Amparo osorio&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;/span&gt; &lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;Con generosa y paciente sabiduría y una voluntad indoblegable por establecer vínculos entre el arte y la vida que nos permitan develar secretas realidades en los mundos insólitos de grandes creadores planetarios, Enrique Hernández D´Jesús, fotógrafo, editor y poeta venezolano (Mérida, 1947), se ha convertido en el artífice de una de las más grandes colecciones fotográficas de América Latina, que ya supera los 3.000 rostros.&lt;br /&gt;Conjuntando, en su serie más emblemática, el retrato, la caligrafía y el poema de su personaje elegido, a fin de que desde el vaivén de estos barcos imaginarios hagamos el viaje, el fotógrafo impugna una realidad perturbadora, la de la luz fundida con un grafismo que como en el Génesis bíblico, podría emularla. Un viaje entre lo uno y lo otro, por entre materia y espíritu, en una fecunda travesía lúdica.&lt;br /&gt;Estas imágenes emiten remolinos de sentimientos. La figura de un rostro junto a una caligrafía nerviosa de un poema que gira en torno funda un oleaje rítmico, un verso a la deriva.&lt;br /&gt;Estos retratos intervenidos poéticamente por sus propios modelos imponen una fuerza singular. Los contemplamos y los leemos con los ojos de la mente. Los escuchamos desde el tiempo de todos los tiempos, porque quizá –y allí radica el arte de Hernández D’Jesús–, su secreta pasión es derrumbar los tiempos lineales de la historia, para legarnos los tiempos de la poesía. Es decir, la poesía como historia misma con su transcurrir atemporal y metafísico.                                                                                                                                      No nos muestra este trabajo a una generación literaria o artística; el suyo es un profundo recorrido por vertientes extrañas, esas que emanan de las singulares líneas de los rostros y de las palabras poéticas del hombre.&lt;br /&gt;Instantáneas de Adonis, Allen Ginsberg, William Burroughs, Yevgueni Yevtushenko, Enrique Molina, Octavio Paz, Lawrence Ferlinghetti, José Saramago, Anne Waldmann, Emilio Westphalen, Gregory Corso, Issa Makhlouf, José Watanabe, Juan Gelman, Ledo Ivo, Rafael Alberti, Roberto Juarroz, Salah Stétié... lecturas misteriosas que otorgan a veces una nueva imagen y que trascienden a la expresión fotográfica misma: a través del rictus, ese sello personal y único que nos conduce a otras realidades interiores.&lt;br /&gt;El destello final surge de la percepción del poema en sus lenguas originarias. Al hacerlo, pareciera que entramos a una ventana mágica que nos transporta por arquitecturas góticas, por cielos impensados, por insospechadas geografías que pueden remitirnos incluso a las iniciales noches de Sherezada o a las señales de Odín, porque también esta incomparable colección de caligrafías posee una extraña individualidad que la aleja del contenido del poema, otorgándole un corpus propio que encierra el enigma de un lenguaje primero y universal.&lt;br /&gt;Un poema en Náhuatl, hopy o maya por ejemplo, puede remitirnos a través de sus jeroglíficos a la historia de la Conquista de México. Recorremos las complejas simetrías de otros idiomas, entramos a la dulce y exótica Beirut escalando la arquitectura de un poema de Joumanna Hadad o nos adentramos a la mítica cultura japonesa como en el retrato de Tendo Taijin, aquí publicados. Fusión de rostro y palabra esencial de lo poético, quintaesencia de la existencia, vestigio incorruptible del hombre en su sobresaltado paso por la Tierra. Estos signos, símbolos, ideogramas, silabarios y letras que fijan la morfología de las palabras, nos guían a la emoción de sus metáforas poéticas. Contemplar es otra forma de leer. Sí, caligrafías que contienen el alma de una lengua, palabras que suben en espiral por los hilos invisibles que van tejiendo los diversos idiomas del mundo.&lt;br /&gt;Asomándonos a otra parte de sus diversas colecciones fotográficas, realizadas siempre bajo el dominio de un alto contraste, encontramos los puertos de la infancia, la onírica melancolía de unas múltimuñecas que abren el ayer que nunca ha huido o lo dictan una vez más en los ojos estáticos de esos cristales envejecidos. Rememoramos como si fuera nuestro, ese tiempo insepulto lleno de objetos, que se va constituyendo en sumas y restas de un enigmático devenir. Contemplamos manos crispadas que se abren para asir un rostro, caballitos donde todavía cabalgan los sueños, dorsos perdidos en la bruma de las olas, objetos que se enlazan como una constante metafísica que pretende llevarnos a los puertos del origen.&lt;br /&gt;El periplo de su ojo errante ha sido muy extenso, del retrato clásico podemos ir al los cuerpos enardecidos, de objetos desechados en las calles a las figuras de las letras más representativas de Venezuela, Colombia, México y Argentina, que tienen su fundamental espacio en estas memorias claroscuras. Así como un día oprimió 86 veces el obturador frente a Jorge Luis Borges para celebrar en luz detenida su tiempo cada vez más fugitivo, también emprendió hace una década su famosa serie de “Escritores Embotellados”, expuesta en varios países de América Latina, en la cual el espectador encuentra la ironía de la búsqueda estética propuesta por su hacedor y donde el rostro del personaje ovalado por la forma del cristal que contuviera en su pasado la bebida embriagante, nos ofrece un signo dionisiaco del universo poético. &lt;br /&gt;El suyo en síntesis, es arte sobre arte. Un arte independiente que se suma a la abstracción de los sueños y a la supremacía lúdica de sus obsesiones permanentes. Queda apenas preguntarnos: ¿Nos lee Hernández de Jesús en sus noches de generosas utopías? ¿Al leernos estamos leyéndolo a él y asistiendo a sus amorosas conquistas o a sus largas disquisiciones poéticas? Esto no lo sabremos nunca, pero sus privilegiados vasos comunicantes con el arte, parecieran decirnos que hacemos parte del delirio de este hermano venezolano que ha creado con estos mundos paralelos uno de los más reales y conjurados caminos de la fraternidad.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7678238456469006248-7184511798978487416?l=comunpresenciaensayos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/7184511798978487416'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/7184511798978487416'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comunpresenciaensayos.blogspot.com/2006/12/enrique-hernndez-djess.html' title='Enrique Hernández D`Jesús'/><author><name>Cuento Breve</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_1B-d48kt0ms/SXYDaIOHQoI/AAAAAAAADNc/Keb_80kSqLo/s72-c/Enrique+Hern%C3%A1ndez+y+Adonis.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7678238456469006248.post-789587480315169236</id><published>2006-12-26T13:17:00.000-05:00</published><updated>2008-06-09T17:00:45.129-05:00</updated><title type='text'>Brevedades Mexicanas</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; text-indent: 14.2pt;" align="center"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; font-family: Arial;"&gt;Marco Antonio Campos&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: Arial;"&gt;Hacia 1962, en una pregunta a Juan José Arreola, que es un comentario, Emmanuel Carballo &lt;i&gt;(Protagonistas de la literatura mexicana),&lt;/i&gt; apunta: «Creo que tú eres una consecuencia lógica de la tradición imaginativa de nuestra prosa y no una flor de invernadero; creo, asimismo, que procedes de una línea que en el siglo XX inauguran Torri, Reyes, Silva y Aceves y Díaz Dufoo hijo». En diversos ensayos, artículos o prólogos, desde hace 25 años, hemos insistido en una admirable tradición paralela de la narrativa mexicana: la literatura imaginativa de brevedades. Es decir, esa suerte de textos, que viven unos instantes como un relámpago o un torbellino súbito, y que pueden tener una vida aislada como género o donde se emparientan en variadas combinaciones entre sí, en unas cuantas líneas, el cuento, el poema en prosa, el ensayo, la fábula, la estampa...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: Arial;"&gt;En general son rasgos característicos de la brevedad imaginativa inolvidable, la frase pulida y brillante, o al menos eficaz; que, de la primera a la última línea, hacen que palabras sean como una cuerda de fuego; que debajo de la historia corra otra historia y asimismo que en los textos exista al menos un mínimo sistema de referencias culturales. Nadie entre nosotros, en esta suerte de joyas envenenadas, ha superado a Julio Torri y a Juan José Arreola.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7678238456469006248-789587480315169236?l=comunpresenciaensayos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/789587480315169236'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/789587480315169236'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comunpresenciaensayos.blogspot.com/2006/12/brevedades-mexicanas.html' title='Brevedades Mexicanas'/><author><name>Cuento Breve</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7678238456469006248.post-4579184482484970261</id><published>2006-12-26T13:16:00.003-05:00</published><updated>2009-01-20T11:59:14.171-05:00</updated><title type='text'>Rafael Barrett</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_1B-d48kt0ms/SXYCbsGTFGI/AAAAAAAADNU/RY-qYTpIb9g/s1600-h/Rafel+Barrett.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 177px; height: 220px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_1B-d48kt0ms/SXYCbsGTFGI/AAAAAAAADNU/RY-qYTpIb9g/s320/Rafel+Barrett.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5293421086737896546" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family: arial; color: rgb(204, 0, 0);"&gt;Dueño de una biografía casi tan neblinosa e inasible como la de Lautréamont, Rafael Barret fue un ensayista, narrador y periodista español que terminó inscrito en la literatura paraguaya, país que, faltando tan solo un año para el centenario de su muerte, le considera uno de sus principales revolucionarios y vanguardistas, como lo ha escrito bellamente Augusto Roa Bastos. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial; color: rgb(204, 0, 0);"&gt;Nacido en 1876 y muerto en 1910, su corta vida estuvo marcada por incontables destierros y un ánimo pugnaz contra todas las formas de vileza, enmascaramiento, idolatrías o farsa. Tal vez por eso, Barrett, a tiempo de empuñar la pluma, no perdió ocasión de retar a duelo a todos sus adversarios ideológicos. Residió en Argentina, Brasil, Inglaterra, España, Francia, Uruguay y Paraguay, siempre trabajando como periodista en los principales diarios. Escribió varios libros –Moralidades actuales, El dolor paraguayo, Mirando vivir, Páginas dispersas, Al margen– pero en vida no tuvo mucho reconocimiento literario. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial; color: rgb(204, 0, 0);"&gt;Para probar su grandeza basta con recurrir a Jorge Luis Borges, quién en una carta  de 1.917 a su amigo Roberto Godel escribe: “Te pregunto si no conoces a Rafael Barrett, espíritu libre y audaz. Con lágrimas en los ojos y de rodillas te ruego que compres Mirando la vida de este autor. Es un libro genial…”&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;span style="font-family: arial; color: rgb(204, 0, 0);"&gt;Rafael Barret es considerado un precursor de la insurrección existencialista y, por su manera de percibir sacrosantas instituciones como la iglesia, el matrimonio, la revolución y el estado, como un anarquista en la más precisa acepción de esa maravillosa palabra.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-weight: bold;"&gt;GALLINAS&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt; &lt;br /&gt; &lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;ientras no poseí más que mi catre y mis libros, fui feliz. Ahora poseo nueve gallinas y un gallo, y mi alma está perturbada.&lt;br /&gt;La propiedad me ha hecho cruel. Siempre que compraba una gallina la ataba dos días a un árbol, para imponerle mi domicilio, destruyendo en su memoria frágil el amor a su antigua residencia. Remendé el cerco de mi patio, con el fin de evitar la evasión de mis aves, y la invasión de zorros de cuatro y dos pies. Me aislé, fortifiqué la frontera, tracé una línea diabólica entre mi prójimo y yo. Dividí la humanidad en dos categorías; yo, dueño de mis gallinas, y los demás que podían quitármelas. Definí el delito. El mundo se llena para mí de presuntos ladrones, y por primera vez lancé del otro lado del cerco una mirada hostil.&lt;br /&gt;Mi gallo era demasiado joven. El gallo del vecino saltó el cerco y se puso a hacer la corte a mis gallinas y a amargar la existencia de mi gallo. Despedí a pedradas el intruso, pero saltaban el cerco y aovaron en casa del vecino. Reclamé los huevos y mi vecino me aborreció. Desde entonces vi su cara sobre el cerco, su mirada inquisidora y hostil, idéntica a la mía. Sus pollos pasaban el cerco, y devoraban el maíz mojado que consagraba a los míos. Los pollos ajenos me parecieron criminales. Los perseguí, y cegado por la rabia maté uno. El vecino atribuyó una importancia enorme al atentado. No quiso acep­tar una indemnización pecuniaria. Retiró gravemente el cadáver de su pollo y en lugar de comérselo, se lo mostró a sus amigos, con lo cual empezó a circular por el pueblo la leyenda de mi brutalidad imperialista. Tuve que reforzar el cerco, aumentar la vigilancia, elevar, en una palabra, mi presu­puesto de guerra. El vecino dispone de un perro decidido a todo; yo pienso adquirir un revólver.&lt;br /&gt;¿Dónde está mi vieja tranquilidad? Estoy envenenado por la desconfian­za y por el odio. El espíritu del mal se ha apoderado de mí. Antes era un hombre. Ahora soy un propietario...&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7678238456469006248-4579184482484970261?l=comunpresenciaensayos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/4579184482484970261'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/4579184482484970261'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comunpresenciaensayos.blogspot.com/2006/12/rafael-barrett.html' title='Rafael Barrett'/><author><name>Cuento Breve</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_1B-d48kt0ms/SXYCbsGTFGI/AAAAAAAADNU/RY-qYTpIb9g/s72-c/Rafel+Barrett.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7678238456469006248.post-7740396352378506837</id><published>2006-12-26T13:15:00.000-05:00</published><updated>2008-06-09T16:59:52.664-05:00</updated><title type='text'>Hernán Díaz: El ladrón de instantes...</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_1B-d48kt0ms/SE2mcsJpsjI/AAAAAAAABoU/cdEAe3oFyt0/s1600-h/Hernan+Diaz+autoretrato.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 240px; height: 316px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_1B-d48kt0ms/SE2mcsJpsjI/AAAAAAAABoU/cdEAe3oFyt0/s400/Hernan+Diaz+autoretrato.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5210003355755721266" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-variant: small-caps;font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;Por &lt;b&gt;Iván Beltrán Castillo&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Es el gran icono de la fotografía colombiana del Siglo Veinte (si se considera la hermosa e incurable mexicanidad de Leo Matiz), el retratista memorable, el gran demiurgo de una estética visual que, más tarde, sería adoptada, con o sin conciencia, por una horda enardecida; pero se ha negado a gozar de una manera obscena de las mieles del triunfo, despilfarrando una discreción y un extrañamiento que a veces&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;parecen adoptar la forma del desdén, de la crítica lúcida, el venenoso sarcasmo y el arrobamiento interior.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify; text-indent: 14.15pt;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Sabe que retratar es embalsamar prematuramente, detener para siempre un&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;atroz o hermoso parpadeo, celebrar el abismo, aislar un objeto de su contexto mortífero. Afirma que quienes ejercen este oficio,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;peligroso y abisal,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;tienen el ojo hambriento y el oído aguzado, para escuchar cómo se desliza, en puntillas, el señor del tiempo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify; text-indent: 14.15pt;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Hernán Díaz lleva cincuenta años inmerso en su maravilloso ritual -–temeraria escaramuza con Cronos–&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;y ha obtenido, como contraprestación, el esplendor y la amargura, el edén y el averno, la comunión y el desamparo, el hallazgo deslumbrante y el paso perdido, sabedor de que, contrario a lo que podría imaginarse, el fotógrafo es un ser solitario al que asilan y encarcelan sus propias imágenes, y alguien a quién el mundo solamente se rinde cuando ejerce su profesión insensata.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify; text-indent: 14.15pt;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Su obra está habitada de imágenes táctiles, tan próximas y cálidas como un abrazo evasivo, y las creaturas que la pueblan,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;las víctimas de sus disparos,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;fueron atrapadas en los grandes salones palaciegos, en los círculos donde gozan y se incineran los «preciosos» burgueses, en los apartamentos lóbregos de los exiliados voluntarios, en las densas buhardillas que atestiguaron la hambruna inaugural de los grandes&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;pintores y el discurso obseso de los novelistas en ciernes; en las habitaciones de unas mujeres tan deseables y espléndidas que habrían merecido ser eternas,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;y la mayor parte de sus «capturados»&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;encontró, de una u otra forma, las puertas de acceso a la fama, a la popularidad y al poder, lo que lo convierte en el dueño de un magnífico friso social, especie de «Comedia Humana» balzaciana escrita con los verbos y los adjetivos de la luz... &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify; text-indent: 14.15pt;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Él recuerda: cuando era un niño, descubrió en El Tesoro de &lt;st1:personname productid="la Juventud" st="on"&gt;la Juventud&lt;/st1:personname&gt; –clásico infantil de los años treinta y hoy por hoy&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;reliquia de coleccionistas–&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;lo que por entonces se llamaba, de manera surrealista, &lt;st1:personname productid="la Máquina" st="on"&gt;la Máquina&lt;/st1:personname&gt; de Retratar, pero a cambio del asombro y la sensación de fantasía alquímica que ganaba a los otros intuyó que, con uno de esos engendros inventados por la modernidad,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;se podían capturar los rostros, los paisajes, los minutos y, lo más importante, se lograba acechar a la belleza, la furtiva esencial.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Por eso se dio a la fabricación manual de la máquina que detiene el río, con una entrega y una disciplina que contradecían&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;la abulia y el hartazgo de sus horas escolares. Fue la iniciación de una esplendorosa e incesante condena, la misma que lo hace proclamar ahora, con gesto peripatético: «solamente una vez accedí a la tentación de abandonar el trabajo, alejarme de la fotografía: fue en 1982 y como resultado caí enfermo y estuve a un paso de morir... Solamente el arte me mantiene con vida: es el encargado de que siga fluyendo, alegre y libertaria, la respiración...» &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify; text-indent: 14.15pt;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Descubrió pronto que un cazador de imágenes es un viajero perpetuo, y que en el nomadismo encuentra su destino y pule con paciencia sus armas de batalla. Estuvo en Nueva York y en París, en Roma y Berlín, en Ciudad de México y Ámsterdam, siempre con la cámara presta para profanar el secreto de la piedra, o la voz antigua de los antepasados que –como lo descubrió Lawrence Durrell-–, en todas partes del mundo buscan los suspiros de los vivos, para&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;que los reintegren, aunque sea durante una simple fracción de segundo, a la miseria y grandeza de la vida terrena.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify; text-indent: 14.15pt;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Desde las entrañas rebeldes y convulsas de los años sesenta, sus fotografías empezaron a circular de manera constante en libros y revistas y un grupo de fervorosos lo transformó en el gran elegido, la lente privilegiada, casi un objeto de culto, especialmente desde que hizo los primeros desnudos fotográficos, abriéndole una herida mortal a nuestro sofocante y abstruso catálogo de escrúpulos. Es en ese sentido el padre terrible del escándalo, el colonizador de la nación del deseo, siempre vigilada y reprimida. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify; text-indent: 14.15pt;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Desde temprano se decretó alumno de Richard Avedon, el fotógrafo norteamericano cuyos modelos, tiznados por el cieno&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;de la escaramuza cotidiana, describen morosamente las fatales olimpiadas del tiempo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify; text-indent: 14.15pt;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En este artista se descubre, postula Hernán, toda la grandeza posible de los obreros de la luz, que es, según él,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;la definición&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;más certera para esta prestidigitación, donde se combinan y entrelazan, milagrosamente, la mayor zona posible de realidad –el objeto capturado– con el territorio extremo de la ilusión –la celda que lo captura. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify; text-indent: 14.15pt;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Su primera carnada erótica fue la modelo Dora Franco. Eran los años sesenta y ella electrizaba a los hombres, desde los millonarios, los herederos y los afortunados, hasta los que nunca serían capaces de lanzarle un elogio porque la consideraban un exceso de la voluptuosidad. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify; text-indent: 14.15pt;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El pacto se dio sin demasiados comentarios, sin dubitaciones, con la convicción de un maravilloso complot, y en medio de la sesión fotográfica ambos supieron que John F. Kennedy había sido asesinado en el sur de los Estados Unidos. Sin embargo, no interrumpieron la marcha de su insurrección sensual, eclipsados ante el esplendor atemporal del cuerpo, y&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;desdeñaron como prófugos felices, los pormenores catastróficos de la aborrecible historia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify; text-indent: 14.15pt;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;No es una hipérbole decir que Hernán Díaz ha escudriñado, con igual proporción de incredulidad y de asombro, el cuerpo erótico y el cuerpo social, pero solamente del primero obtuvo una contraprestación decente. El otro únicamente le legó cierto sabor salobre que a veces envenena sus atardeceres. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify; text-indent: 14.15pt;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Así, desde la desnudez del cuerpo, o la cárcel de la gestualidad, desde el restallante histrionismo de la gran farsa social,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;los rictus enardecidos del poder y su&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;fatal torrente, el fotógrafo se erigió en ladrón de los instantes, del minuto tembloroso, y demostró, para el asombro de sus espectadores, que lo mediocre y lo banal son tan perecederos como lo sublime. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:Arial;font-size:11;"  &gt;&lt;span style=";font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;Arrancados de su periplo desesperado y finito, los hombres y mujeres que conforman esta galería esfumada arrojan un extraño fulgor, se desprenden de la cautela y el presidio que se construyeron a sí mismos y se funden en una sola, bella, apocalíptica e inolvidable hermosura. Tal vez por eso, Hernán siente ahora que ha tentado al porvenir y sus espectros a la manera de los héroes trágicos, y, sin embargo, continúa su tarea: robar el fuego del instante antes de que se transmute en hielo&lt;/span&gt;&lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7678238456469006248-7740396352378506837?l=comunpresenciaensayos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/7740396352378506837'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/7740396352378506837'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comunpresenciaensayos.blogspot.com/2007/12/hernn-daz-el-ladrn-de-instantes.html' title='Hernán Díaz: El ladrón de instantes...'/><author><name>Cuento Breve</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_1B-d48kt0ms/SE2mcsJpsjI/AAAAAAAABoU/cdEAe3oFyt0/s72-c/Hernan+Diaz+autoretrato.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7678238456469006248.post-6715555613331895357</id><published>2006-12-26T13:14:00.001-05:00</published><updated>2006-12-26T13:14:40.993-05:00</updated><title type='text'>Señales en el camino</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Por &lt;b&gt;Marco Antonio Campos &lt;/b&gt;&lt;i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Días de larga lluvia o niebla espesa en el otoño frío de Bogotá. Casas e iglesias con dos o cuatro techos donde la arcilla roja da color a la mirada que se perdió en el gris. Campanarios de donde vuelan cada hora campanadas para que se oigan en toda Cundinamarca. Balconerías verdes y azules con el material de hace mucho tiempo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;En la plaza de Bolívar, pletórica de palomas grises, bebo un vaso de sangre en honor de los cainitas, mientras se agita triste la bandera de Colombia en el Palacio de Justicia. Por el número de palomas no se puede ver en la plaza otro color que el gris y por las nubes no se puede ver en el cielo otro color que el gris.&lt;i&gt; &lt;/i&gt;Sigo por la Calle Real. Por su larga herida a lo largo de su verde geografía, a veces amo en el dolor tanto a Colombia como amo a México. Me detengo. Hay algo en el aire como una música: la voz de hoja temblorosa de las bogotanas, que codiciarían en el alba las alondras, me hace difícil la respiración. Cada quien quiere a su manera, es bueno o malo a su manera, y se reconcilia así, pero ni mis padres ni yo nos entendimos nunca. Los malos hijos seremos siempre los malos hijos pero no hay nada de qué arrepentirse. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Llego a la Avenida Jiménez. De las iglesias lindantes de San Francisco, la Veracruz y los Estigmas, estalla en luz el oro que se extrajo del fondo de los socavones para entregárselo en las manos a Dios. Aquí enfrente, desde la acera oriental del parque Santander, sale a diario a caminar de noche José Asunción Silva para oír los murmullos de hombres y mujeres que se quedan en los follajes de los árboles, reconocer las sombras de la Bogotá de 1890 y para buscar los pedazos del corazón que perdió y los despojos del Cristo caído.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Bajo una lluvia pertinaz, frente a la tumba compartida de Silva y de su hermana, he llorado al pensar en aquello que no pudo ser ni podía serlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;pre style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: 8pt; font-family: Arial;"&gt;Derechos reservados&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;© Marco Antonio Campos&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/pre&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7678238456469006248-6715555613331895357?l=comunpresenciaensayos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/6715555613331895357'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/6715555613331895357'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comunpresenciaensayos.blogspot.com/2006/12/seales-en-el-camino.html' title='Señales en el camino'/><author><name>Cuento Breve</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7678238456469006248.post-5433118933506086947</id><published>2006-12-26T13:13:00.001-05:00</published><updated>2006-12-26T13:13:27.642-05:00</updated><title type='text'>Ventana a Colombia</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Por &lt;b&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Margarito Cuéllar&lt;/b&gt;&lt;i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Una de las ventanas de mi casa, por lo regular abierta, da a Colombia. Me gustaría ver el país completo, pero no me es posible. Sólo alcanzo a ver Bogotá, Medellín, Villa de Leyva, Tunja y Villavicencio. El resto se ve a través de otras ventanas: la de los diarios, los noticieros de televisión, la Internet, los amigos que aún siguen en Colombia y los que se han ido. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Ver un país a través de una ventana es limitado y peligroso. De Villa de Leyva veo un pueblo lleno de turistas y un cielo transparente. En una de las lomas se alza la maloca de Beatriz Camargo, plena de magia teatral, austeridad y energía. Algunas vacas pastan en el campo y los extranjeros buscan hongos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;De Tunja, la ciudad de los poetas, recuerdo una gran plaza central rodeada de edificios históricos y a Guillermo Velásquez Forero –autor de prosas breves que son una radiografía precisa del humor, el sarcasmo y la reflexión crítica– renegar de Carlos Vives en plena rumba, pero sin dejar de bailar &lt;i&gt;La gota fría. &lt;/i&gt;De Villavicencio evoco un par de días con un derrumbe en la carretera que impidió el regreso por tierra de un poeta ecuatoriano (Iván Oñate), un colombiano (Juan Pablo Roa), un dominicano (Alexis Gómez Rosa) y un mexicano (yo). Retraso que impidió a algunos de nosotros estar presentes en Bogotá durante la clausura del VIII Festival Internacional de Poesía, organizado por la revista Ulrika&lt;i&gt; y la Casa de Poesía Silva.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;Recuerdo una lluvia interminable en el pequeño aeropuerto de Villavicencio, una revisión minuciosa por ser zona con presencia de la guerrilla, un avión para doce pasajeros que me daba la impresión de que era manipulado al antojo del viento; parecía que nunca dejaría de llover, aún dentro del aparato, y que no aterrizaríamos nunca en Bogotá, ya que un vuelo de 45 minutos se prolongó horas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;De Medellín retengo la idea de una ciudad moderna. En 1999 era peligroso transitar por sus calles, pero no tanto como en años anteriores. Desde el Cerro de Nutibara, al que subí aterrorizado en la motocicleta de un alumno de ese poeta mayor, en toda la extensión de la palabra, que es X504, vi elevarse los cometas de variados colores y formas. En esa ciudad sentí la presencia de Porfirio Barba Jacob, no sólo en la Biblioteca Piloto, donde hay abundantes documentos de este poeta nativo de Santa Rosa de Osos, Departamento de Antioquia, sino en la mística de algunos poetas, dotados de cierto aire maldito.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;En Medellín los poetas de Prometeo (Fernando Rendón, Gabriel Jaime Franco y compañía) han hecho un verdadero campo de cultivo de la poesía, a través del cual le dan vida a un festival internacional de poesía que goza de prestigio en todo el mundo, a la revista Prometeo y a la Escuela de Poesía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;A propósito dejo al final la ciudad de Bogotá. Antes del verano del 99, época a la que se remontan estas vivencias, la idea que tenía de Colombia era la que transmitían las novelas de García Márquez y la música vallenata, la cual llegó al norte de México, concretamente a Monterrey, a través de Los Corraleros y de grabaciones de Andrés Landeros y Aniceto Molina.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;La carrera Séptima me sorprendió un domingo de julio, cuando desde el noveno piso del Hotel Baviera desperté con vista a la Caracas. Un domingo sin gente, salvo los ciclistas y los que caminaban y corrían por la carrera Séptima, que los domingos dejaba de ser arteria vehicular y se transformaba en paseo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Había aterrizado en el aeropuerto El Dorado un sábado de altas y blanquísimas nubes en el cielo de Bogotá. Ese cielo casi cristalino contrastaba con la atmósfera de violencia, terror y muerte que se respiraba a través de los noticieros. A México llegaba de Colombia un olor a cadáveres descompuestos y no se veía por ninguna parte ese cielo claro, revisto en otros tiempos por Alfonso Reyes, Carlos Pellicer y Gilberto Owen. Recuerdo un almuerzo con los poetas colombianos convocados por María Mercedes Carranza en la Casa de Poesía Silva. Ahí me acerqué por vez primera al humor inteligente de Darío Jaramillo Agudelo, de quien había leído en el avión una biografía de José Asunción Silva publicada por la UNAM. Con Darío coincidiría al año siguiente en el Encuentro de Poetas del Mundo Latino de Oaxaca, México. Ahí estaba la elegancia y el sarcasmo en persona en la figura de Jotamario Arbeláez, con quien coincidiría tres años después en la ciudad de Washington D. C. durante un maratón de poesía. Aquel verano Jotamario me pareció una figura emblemática, casi patriarcal, ensimismado en su barba blanca y su traje de funcionario cultural.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Pienso en la mirada desconfiada y un tanto huraña de Rafael del Castillo Matamoros, organizador del  Festival de Poesía en Bogotá; hombre de las confianzas de María Mercedes Carranza que me brindó todo tipo de apoyo para moverme a mis anchas por las pasarelas literarias de Bogotá y Tunja.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Jorge Rojas Otálora y Fabio Jurado me invitaron a publicar un pequeño volumen de poesía en la colección Viernes de Poesía, de la Universidad Nacional de Colombia; así que en el 2000 apareció &lt;i&gt;Plegaria de los ciegos caminantes,&lt;/i&gt; librito que plasma, entre el vértigo y el deslumbramiento, el amor y la distancia, la atmósfera de dos países: Colombia y México.&lt;i&gt; &lt;/i&gt;Con el paso del tiempo la ventana a Colombia siguió abierta. A través de ella conocí la poesía de Henry Luque y la de Juan Felipe Robledo y en México con Juan Manuel Roca redescubrí Xochimilco. La muerte de María Mercedes Carranza sigue siendo una herida profunda para quienes amamos la poesía y la paz. Mi ventana a Colombia tiene un portal al que suele asomarse, entre la bruma y la vigilia, la figura de una mujer que va por las calles de Bogotá con la esperanza y el amor a cuestas, haciendo florecer sueños locos y configurando palabras y tarjetas postales a la manera de los rapsodas y los artesanos de los días. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Y aunque la violencia sigue alcanzando índices de alarma y el bombardeo de notas sobre desplazados, bombazos, enfrentamientos, lágrimas, luto y secuestros siga siendo el pan de cada día de los noticieros, conservo la firme esperanza de que un día –espero ser testigo de ello– la palabra paz ondeará en el cielo de Colombia como una bandera que se vislumbra desde el cielo de Utopía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;pre style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: 8pt; font-family: Arial;"&gt;Derechos reservados&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;© Margarito Cuéllar&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/pre&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7678238456469006248-5433118933506086947?l=comunpresenciaensayos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/5433118933506086947'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/5433118933506086947'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comunpresenciaensayos.blogspot.com/2006/12/ventana-colombia.html' title='Ventana a Colombia'/><author><name>Cuento Breve</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7678238456469006248.post-7998585538286763934</id><published>2006-12-26T13:11:00.000-05:00</published><updated>2006-12-26T13:12:06.315-05:00</updated><title type='text'>Un tenue plumaje de llovizna</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Por &lt;b&gt;Hugo Gutiérrez Vega&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;La semana pasada entró un caballo cargado de voluminosas cajas a la plaza de un pueblo colombiano. Se detuvo frente a una farmacia y, a los pocos minutos, estallaron los poderosos explosivos que llevaba en las cajas. Los muertos y los heridos cayeron a su alrededor y empezaron a desplomarse los muros de los edificios que rodeaban la pequeña plaza. De esta manera, las FARC u otros grupos violentos o los horrendos paramilitares (no guerrillas sino bandas terroristas empapadas en odio, crueldad e inmoralidad) vengaban una delación y castigaban a los habitantes del poblado. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Cobro por protección, rescates de los secuestros, tráfico de drogas, asaltos, robos, extorsiones, asesinatos, caballos explosivos, coches con dinamita, crueldades sin nombre, violencias sin el más pequeño límite humano... estas son algunas de las acciones cometidas cotidianamente por las lumpenizadas FARC y por los otros que han establecido en nuestra querida Colombia un poder paralelo que no obedece a los dictados de la moral y que ha enloquecido progresivamente uniendo al ya declamatorio fundamentalismo las pillerías de los narcos y de las bandas de delincuentes. Algo les queda de la retórica del maoísmo catequístico o del marxismo parroquial (véase la doctrina recitada por Doña Martha Haernecker), pero lo que priva es un enloquecimiento que crece día con día, una desconfianza brutal en todo lo humano y la bestialización que caracteriza a las bandas terroristas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Acabo de pasar cinco días en la entrañable Bogotá. Fui a dar una conferencia en las celebraciones de los 350 años de vida de la Universidad de El Rosario (el antiguo Colegio que dio tantos miembros distinguidos a la judicatura colonial, tanto de la Nueva Granada como de la Nueva España y el Virreinato de Lima) y a participar en un coloquio sobre Literatura y Poder. Di, además, dos charlas en la Universidad Nacional y un recital de mi poesía en La Casa de José Asunción Silva, institución ilustre que mantiene viva la llama de la poesía en todos los territorios de la lengua española. Unas semanas antes de mi llegada, su directora, la poeta María Mercedes Carranza, se había quitado la vida (las FARC tenían secuestrado a su hermano y ella vivía un permanente desasosiego provocado por la violencia civil). Le dediqué el recital y recordé a su padre, el poeta Eduardo Carranza. Cerré mi participación leyendo un poema sobre el 11 de septiembre de 1973 y recordando al Presidente Constitucional de Chile, Salvador Allende, uno de los verdaderos demócratas y de los genuinos socialistas que en este mundo han sido y, sobre todo, un ejemplo de respeto a la ley y de coherencia entre el pensamiento y la acción.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Había más de trescientas personas en el recital y todos se pusieron de pie para recordar al gran demócrata americano y a la poeta acorralada por el terrorismo asesino. De esa manera, los Pinochetes, los Videlas, los terroristas del plan Cóndor y los que asesinan niños con caballos cargados de explosivos, por un momento dejaron de ser tan pavorosamente reales como fueron y son, y una especie de brisa humana se unió a los vientos fríos de la Bogotá que entraba en la noche. Recorriendo la sabana con el Decano de las Facultades de Política y Gobierno y de Relaciones Internacionales de la Universidad de El Rosario, el filoheleno Eduardo Barajas y con Enrique Serrano, escritor y erudito dedicado al estudio de lo bizantino, recordamos que Don Víctor García de la Concha, el mandamás académico peninsular lamentó hace poco el hecho de que el español del futuro va a ser el que ahora se habla en México, cuando lo mejor sería que fuera el que se habla en Colombia. Tiene razón el académico, pues en el ex reino de Nueva Granada existe una sana vigilancia lingüística que enriquece y corrige al castellano. Se trata de un fenómeno social que tiene amplias repercusiones y, me decían los amigos académicos, se mantiene en constante lucha con los doblajes televisivos mexicanos, las telenovelas y los programas que les llegan de ese pozo sin fondo de vulgaridades y de pobrezas lingüísticas que es la televisión comercial mexicana. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Por otra parte, Don Víctor reconocerá que su península no es una modelo de vigilancia y que en Iberoamérica se habla de la necesidad de que las películas españolas tengan subtítulos, pues resulta difícil entender los farfulleos que obscurecen la vocalización de los actores peninsulares (hay excepciones notables. Pensemos en el excelso Fernando Fernán Gómez), así como la construcción atrabiliaria y los giros de lenguaje locales.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Fabio Jurado, gran rulfiano y Darío Jaramillo, poeta excelente y promotor cultural, me presentaron en la Casa de Poesía. Recorriendo sus patios me puse a repasar las palabras del &lt;i&gt;Nocturno&lt;/i&gt;... «Una noche, una noche, una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de alas»... y a pensar en los espíritus de León de Greiff, Jorge Gaitán Durán, Porfirio Barba Jacob, Jorge Isaacs y José Eustasio Rivera. Mucho nos ha dado Colombia y mucho nos seguirá dando, pues las nuevas generaciones de escritores están ya ocupando sus lugares. Gabriel García Márquez, Álvaro Mutis, Cobo Borda, Darío Jaramillo y otros relativamente «maduritos» son la columna vertebral de una de las literaturas más ricas del continente. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;México anda bien representado por esos rumbos, pues el entusiasta embajador Ortiz Monasterio y el emprendedor e inteligente Agregado Cultural, el periodista Eduardo Cruz, realizan una labor notable.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Con algunas revistas de literatura&lt;i&gt; &lt;/i&gt;en las manos, llegamos a Usaquén, el hermoso poblado que ya devoró la ciudad tentacular, mi amigo Eduardo Barajas, Luis Tovar y las maestras del Rosario, Luisa, Francesca, María Elena, María Fernanda y su hijo Daniel en pleno sueño. Comimos arepas de huevo (las costeñas), un ajiaco capaz de restaurar las fuerzas de Barba Jacob en una madrugada de domingo y una ilustre sobrebarriga. El jugo de lulo nos acompañó con su gusto agridulce.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Vino a la mesa el poema de amor de Gorostiza: &lt;i&gt;Declaración de Bogotá.&lt;/i&gt; Lo escribió en los días del «bogotazo», del asesinato de Gaitán en la avenida Jiménez y de la reunión Panamericana. Lo leímos y observamos la figura «que la ventana intenta retener a veces».&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Cuando salimos a las calles de Usaquén, Gorostiza nos dijo lo que pasaba: «La entristecida Bogotá se arropa en un tenue plumaje de llovizna». En la calle giraba un vallenato y descendía el aire «de la negra montaña tempestuosa».&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;pre style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: 8pt; font-family: Arial;"&gt;Derechos reservados&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;© Hugo Gutiérrez Vega&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/pre&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7678238456469006248-7998585538286763934?l=comunpresenciaensayos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/7998585538286763934'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/7998585538286763934'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comunpresenciaensayos.blogspot.com/2006/12/un-tenue-plumaje-de-llovizna.html' title='Un tenue plumaje de llovizna'/><author><name>Cuento Breve</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7678238456469006248.post-6478143366648072501</id><published>2006-12-26T13:09:00.000-05:00</published><updated>2006-12-26T13:10:02.817-05:00</updated><title type='text'>Colombia, la cruel felicidad</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Por &lt;b&gt;José Ángel Leyva&lt;/b&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Casí no hay lugar donde haya viajado que no me encuentre un colombiano, incluyendo mi país. Unos huyendo de la violencia, otros sembrando una imagen de ladrones y narcotraficantes, otros pocos conociendo mundo y haciendo currículo, algunos más estudiando o desempeñándose con éxito en sus respectivas profesiones y oficios. No podría decir por qué los reconozco antes de identificar sus acentos, quizás su esmerada cortesía, su cautela, el aire de estar en cualquier sitio con dominio de terreno y la mirada a las vivas, porque no todos los colombianos bailan cumbias ni se sienten obligados a seducir al sexo contrario, ni son personajes o narradores del mundo garciamarquiano, o vienen del&lt;i&gt; Despeñadero &lt;/i&gt;de Fernando Vallejo. Y sin embargo, Colombia les otorga todos esos rasgos distintivos, porque al igual que los mexicanos, no podemos despojarnos de lo que el cine nacional y la literatura nos ha impuesto como clichés.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Quizás la clave me la dio Álvaro Mutis durante un conversación en su casa de San Jerónimo, en la Ciudad de México. Le pregunté si extrañaba el paisaje de Colombia, después de tantos años fuera de ésta, que representan más de la mitad de su vida. Me contestó que sí, pero lo encontraba sin dificultad en ciertos rincones de México, donde la gente incluso era como la colombiana. Puso como ejemplo las zonas cafetaleras de Veracruz.&lt;i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Uno de los primeros lugares donde viví,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;cuando vine estudiar psiquiatría a la Ciudad de México, fue justamente en un departamento alquilado por colombianos. Yo era, como ellos, un extranjero en la inmensa ciudad ajena a mis orígenes. Ángela y Arturo fueron mis compañeros y amigos iniciales en esta megalópolis que no sólo me atrapó, sino me habita.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Más que una casa, era una especie de aeropuerto donde aterrizaban todos los colombianos que se enteraban de que allí, cada fin de semana, de jueves a domingo, había rumba y hospedaje. Fluía todo tipo de personajes con destino a Estados Unidos, a Nicaragua, a El Salvador, a Europa, a las universidades mexicanas, a cualquier lugar donde pudieran reiniciar sus vidas o sus luchas. La revolución sandinista y las hazañas del M-19 eran a menudo puntos de conversación y divergencia cuando se trataba de colombianos cercanos al régimen de su país, pero nunca motivo suficiente para reñir en medio de un gozoso reventón o en una mesurada fiesta en Casa de Colombia, cuya existencia me parece efímera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Se hablaba del ajiaco y del sancocho, de la montaña y de los paramilitares, pero poco de la intimidad y del pasado familiar. El día que me percaté de sus historias descubrí sus gestos paranoides, su incómodo estar en un país que tenía mucho y nada de Colombia. Ángela Navarro Wolf, quien salió de prisión directamente a la Ciudad de México, me contaba que la desaparición de Bateman, el guerrillero legendario del M-19, se debía a una estrategia&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;para impedir que lo mataran. Supuestamente se encontraba emboscado en la selva de Panamá, desde donde acudiría, como siempre, a festejar cada cumpleaños a una isla donde mandaba traer a su madre, a sus amigos y los grupos de vallenateros que le animaban la fiesta. Eso, me dijo, lo había escrito García Márquez. No volví a saber de Ángela. Uno o dos años después, su hermano, un conocido guerrillero, deponía las armas y se incorporaba a la vida civil y política de Colombia, con el consecuente atentado y la pérdida de una pierna.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Arturo se fue como corresponsal de guerra a Centroamérica. Yo abandoné la medicina por las letras. A veces, durante años, recibía una llamada desde cualquier lugar del mundo en donde había un conflicto político militar y escuchaba su voz aguda y loca narrarme los acontecimientos brutales que él grababa con su cámara. Luego se perdió la comunicación. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;He conocido desde entonces a muchos colombianos ligados a la literatura y las artes, incluso a la política, pero creo que ninguno me ha dado una idea tan cruda de su país como esos dos amigos alrededor de los cuales conocí a muchos otros jóvenes huyendo de la violencia y, quizás, inevitablemente buscándola. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Gracias a Rafael del Castillo fui invitado a la Feria del Libro de Colombia, en Bogotá, y tiempo después al Encuentro de Poesía en la misma ciudad. Conocí al fin Colombia, pero no por sus paisajes, sino por sus personajes. Fabio Jurado, Jotamario Arbeláez, Juan Manuel Roca, Guillermo Ovalle, Guillermo y Fernando Linero, Jairo Bernal, Fausto, Arista, Adriana Orozco, Nicolás Suescún, María Mercedes Carranza, Omar Ortiz, Rogelio Echavarría,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Localicé a mi viejo amigo Arturo, quien se hallaba viviendo en ese momento en Bogotá. En medio de una conversación de risas y nostalgias, me dijo cuando nos despedimos: «Ay, hermano, de todas las guerras ésta es la peor. En ninguna vi tanta crueldad como en mi propio país. Hace poco la guerrilla sacrificó a un campesino y lo rellenó de explosivos y lo colocó al volante de una camioneta. Al moverlo explotaríamos todos. Pero un militar descubrió la trampa e impidió nuestra muerte».&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Lo que he visto como visitante en Bogotá es un pueblo trabajador y organizado, una sociedad pujante y alegre, una ciudad funcional e imaginativa, pero en cada conversación he encontrado la misma pregunta que nos hermana: ¿por qué seguimos enredados en la misma trampa? Esto mismo se lo escribí a María Mercedes Carranza cuando la invité a la Feria del Libro en la Ciudad de México, donde Bogotá era la ciudad invitada y a la cual ya no podría venir porque tenía una cita con la fatalidad. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;«Poeta José Ángel: Gracias por tus palabras generosas, que nos estimulan en medio de esta situación tan dolorosa que vivimos. Gracias y gracias por la invitación, pero es cierto que tengo el viaje a Cajamarca. He estado leyendo tus versos, tus duranguraños, y los he saboreado con interés y placer: hay pasión y también sabia meditación en tu escritura. Va un gran abrazo. &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Pd: Sigo enamorada de Alforja: ¡qué magnífica revista!». &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;María Mercedes&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;He dicho que la clave me la dio Álvaro Mutis para comprender que los colombianos pueden hallar el paisaje de su país en muchos rincones del planeta, pero jamás renuncian al paraíso perdido. Fernando Vallejo dijo que no obstante la tragedia, es el pueblo con mayor capacidad para ser feliz. Y ahora, cuando García Márquez atendía con especial emoción y humildad a sus paisanos escritores, durante la pasada Feria del Libro en el Zócalo de la Ciudad de México, me atreví a preguntarle por qué después de tantos años viviendo en mi país, más de 48, no se hacía mexicano. Él me contestó, ante la sonrisa aprobatoria de Mercedes, su mujer, «porque a los mexicanos no les importa que yo tenga otra nacionalidad, me quieren igual por ser colombiano. A mis paisanos no les molesta que viva en México, pero nunca me perdonarían que dejara de ser colombiano, yo tampoco me lo permitiría».&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;pre style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: 8pt; font-family: Arial;"&gt;Derechos reservados&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;© José Ángel Leyva&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/pre&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7678238456469006248-6478143366648072501?l=comunpresenciaensayos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/6478143366648072501'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/6478143366648072501'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comunpresenciaensayos.blogspot.com/2006/12/colombia-la-cruel-felicidad.html' title='Colombia, la cruel felicidad'/><author><name>Cuento Breve</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7678238456469006248.post-2827110917317753224</id><published>2006-12-26T13:08:00.001-05:00</published><updated>2006-12-26T13:08:44.028-05:00</updated><title type='text'>Fragmento de una crónica inacabada</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Por &lt;b&gt;León Plascencia Ñol&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;A pesar de todo, Bogotá no está lejos, al menos en la memoria del viajero que la aprehendió hace demasiados años, quizá veinte, por boca de Jorge Bustamante, el poeta colombiano de bigote zapatista y empecinado lector y traductor del ruso que vivía por ese entonces en un pueblo perdido de Jalisco, y en donde, los fines de semana me guiaba por Zipaquirá, por la Sabana, pero también por sus estadías estudiantiles en Moscú, por la Yasnaia Polania de Tolstoi, por una tarde perdida en París, por los paisajes cambiantes que iba observando a través de la ventanilla del tren que recorría la estepa rusa, por el mar Caspio y las investigaciones geológicas que realizaba junto con sus compañeros de escuela. &lt;b&gt;2.&lt;/b&gt; Pero dije que estaba principalmente Bogotá, su Bogotá de tardes y mañanas de una juventud vivida en medio de la violencia y que ya había aprendido a imaginarla yo, en esa habitación que era estudio y que daba a la empinada calle Corona. &lt;b&gt;3.&lt;/b&gt; Allí, entre los libros, las fotografías que Olga, su mujer, había dispuesto amorosamente en el cristal del escritorio y los libreros, andaba Bogotá de un lado a otro, pero el frío y la lluvia de la ciudad todavía no aparecían. &lt;b&gt;4.&lt;/b&gt; Costaba imaginarlos desde Ameca, ese pueblo caluroso y seco en donde nací. &lt;b&gt;5.&lt;/b&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;A veces, en mi imaginación, podía ir mezclando el rostro de Mandelstam con el paso extraviado de León de Greiff por la Carrera Séptima, costaba ubicar geográficamente los recuerdos, tan engañosos siempre. &lt;b&gt;6.&lt;/b&gt; Hablo desde un presente, como si todo estuviera sucediendo en este momento, cuando en realidad estuve en Bogotá, por primera vez, en el siglo pasado y quiero que todo suceda ahora y ya estoy viendo el avión que desciende por la noche en la ciudad. Allí está la Cordillera Oriental de los Andes, la Sabana y miles de luces encendidas de esta ciudad que está a 2600 metros sobre el nivel del mar. Luces que son ojos luminosos de una serpiente que se enrosca entre la cordillera. &lt;b&gt;7.&lt;/b&gt; Afuera del aeropuerto hace frío, un aire terrible golpea mi cara. Me espera el primero de los varios guías que tendré durante estas semanas. &lt;b&gt;8.&lt;/b&gt; Aunque en realidad, traté siempre de escabullirme de todos porque quería conocerla por mí mismo, o mejor dicho, recorrerla ahora sí con el cuerpo, porque sabía muchas cosas de la ciudad mucho antes de haber estado aquí. &lt;b&gt;9.&lt;/b&gt; No tenía planes, me dejaba llevar por la intuición, por esta suerte de azar que siempre me acompaña y me traslada a los sitios más asombrosos o más comunes. &lt;b&gt;10.&lt;/b&gt; Me dejaba llevar, simplemente. &lt;b&gt;11.&lt;/b&gt; Tomaba un bus –no hay metro como en Medellín, que se parece, a veces, a Guadalajara– y allá iba, a donde fuera bueno, siempre viendo a la gente, las calles que se transcurrían, los edificios, las avenidas numeradas, o terminaba por meterme en algún cafecito y me ponía a escribir de todas las imágenes que me iban seduciendo. &lt;b&gt;12.&lt;/b&gt; Anotaciones, frases sueltas para una posible guía que sólo a mí importaba. &lt;b&gt;13.&lt;/b&gt; El cielo de Bogotá, las araucarias, los curubos, los laureles, los álamos, los eucaliptos, las tejas rojas de La Candelaria, las mujeres sorpresivas, hermosas, lo imprevisible del viaje, porque «entre un viaje y otro, al volver a casa, se intenta extender las hinchadas carpetas de apuntes sobre la plana superficie del papel, trasladar las plicas, cuadernos, folletos y catálogos a hojas escritas a máquina. La literatura como mudanza; como en todas las mudanzas, algo se pierde y algo reaparece en los estantes olvidados».&lt;b&gt;&lt;span style="position: relative; top: -2.5pt;"&gt;1&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="position: relative; top: -2.5pt;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;b&gt;14.&lt;/b&gt; He vuelto a la ciudad, o mejor dicho, la ciudad habita en mí como una enfermedad benévola: crece y se agiganta en los recuerdos. &lt;b&gt;15.&lt;/b&gt; Aquí la memoria no engaña, se deja llevar por diversos meandros. &lt;b&gt;17.&lt;/b&gt; Recuerdo una lluvia y la Casa de Poesía Silva que sirvió como refugio. &lt;b&gt;18.&lt;/b&gt; Las largas borracheras para que desapareciera el miedo. &lt;b&gt;19.&lt;/b&gt; Una paloma solitaria frente al Palacio de Nariño, un extravío por la calle del Cartucho, un roce en Salomé Pagana, los tragos en casa de Fabio Jurado, los poemas de William Ospina, Aurelio Arturo y Raúl Gómez Jattin. &lt;b&gt;20.&lt;/b&gt; La memoria se extiende en un largo territorio y estas páginas se acortan. &lt;b&gt;21.&lt;/b&gt; Lo mejor de todo, es quizá, que Jorge Bustamante me hizo amar a la ciudad antes de conocerla. &lt;b&gt;22.&lt;/b&gt; Aquí no hay vuelta de hoja.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;pre style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: 8pt; font-family: Arial;"&gt;Derechos reservados&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;© León Plascencia Ñol&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/pre&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7678238456469006248-2827110917317753224?l=comunpresenciaensayos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/2827110917317753224'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/2827110917317753224'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comunpresenciaensayos.blogspot.com/2006/12/fragmento-de-una-crnica-inacabada.html' title='Fragmento de una crónica inacabada'/><author><name>Cuento Breve</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7678238456469006248.post-8105977379263016946</id><published>2006-12-26T13:06:00.000-05:00</published><updated>2006-12-26T13:07:01.167-05:00</updated><title type='text'>Arepas y mariachis: Miradas a la cultura colombiana</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Por &lt;b&gt;Lauro Zavala&lt;/b&gt;&lt;i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;He visitado Colombia en cinco ocasiones, entre 1995 y 2003, y he podido conocer las ciudades de Bogotá, Pereira y Medellín, invitado por distintas comunidades académicas, desde el nivel magisterial hasta el posgrado. Aunque en cada estancia he permanecido alrededor de una semana, estas visitas han sido suficientes para observar de cerca la intensidad de la vida académica, y algunos rasgos de la vida cotidiana. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Una de las primeras impresiones que recibe un visitante proveniente de la ciudad de México al recorrer la ciudad de Bogotá es la sensación de haber llegado a un lugar muy exclusivo, pues en muchas zonas los edificios son de ladrillo rojo. En México, este tipo de construcción siempre está asociado con las zonas más caras, arboladas y modernas del país, donde viven sólo los extranjeros, los artistas y los banqueros.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Por otra parte, siempre me ha parecido admirable el aprecio que hay en Colombia por la cultura popular mexicana. Me ha ocurrido, invariablemente, que cuando he abordado un taxi, la música en la radio es mexicana (boleros, rancheras y hasta corridos norteños), y los taxistas conocen la letra mejor que yo mismo, y la cantan a todo pulmón. Además, en cada ciudad que he visitado hay al menos un centro de mariachis que tiene actividades todo el año. Si el alimento más característico de Colombia es la arepa, el de México es la tortilla. Además de estos elementos comunes entre nuestras culturas, también hay diferencias notables. Sin embargo, a pesar de que ambos acompañan cualquier guisado y están hechos de maíz, ahí terminan las similitudes. La tortilla es una especie de disco muy delgado y flexible, que ahora es el alimento preferido de los astronautas. La tortilla siempre se come caliente y recién salida del nixtamal, y puede ser enrollada o usada para sopear los frijoles, es decir, como una especie de complemento comestible del tenedor. En cambio la arepa (para un mexicano) es una bola dura y desabrida, similar al totoposte hondureño. Los colombianos que viven en México han adoptado sin dificultad la tortilla, pero yo no podría comer arepa todos los días. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Antes de que estas declaraciones provoquen una queja ante el consulado de México en Colombia, me apresuro a declarar que en cada visita he podido observar otros elementos culturales muy atractivos. Por ejemplo, es muy interesante el hecho de que las mujeres de cada región del país tengan una personalidad marcadamente distinta. Las bogotanas son elegantes y discretas, mientras las mujeres de la costa son sensuales y desinhibidas, y las de la región central son cariñosas y coquetas. Estas diferencias son apreciables en su manera de bailar, de hablar, de vestir e incluso de mirar. Sin embargo, no creo que en Colombia podría llegar a haber algo similar al culto a Eva Perón o a Jacqueline Kennedy. Tengo la impresión de que la mujer colombiana, en toda su diversidad, es más una compañera que un objeto lejano y especial.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Pasando al terreno académico, me ha sorprendido la intensa comunicación que existe entre los grupos de investigadores, que siempre están al tanto de lo que ocurre entre sus colegas de las otras regiones. Me parece que las comunidades académicas allí han creado una red informal muy efectiva de intercambio permanente. Y esto es muy notable para mí, pues en México nadie se entera nunca de lo que hace el vecino del cubículo o del salón de clases, y mucho menos de lo que ocurre en las otras universidades del país.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Pero no se crea que mi visión es idílica. Debo señalar que la relación entre los taxistas y los transeúntes es tan violenta como en la Ciudad de México. Y en el aeropuerto, al salir del país, se cobra un elevado impuesto al extranjero si declara que su visita fue realizada por motivos de trabajo (por ejemplo, un profesor que sólo fue a dar una conferencia). Pero este error no es exclusivo de Colombia, sino que forma parte de la carencia de una política de estímulos para fomentar el intercambio de conocimientos, libros y películas entre los países hispanoamericanos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;En contraste, es muy notable la reorganización urbana que ha tenido el centro histórico de Bogotá, y la adopción de un nuevo sistema de transporte público que es cómodo y eficiente. El metro de Medellín no sólo es amplio y elegante, sino, simplemente, uno de los más modernos del mundo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Por cierto, la calidad de los libros colombianos es reconocida en todo el mundo, y estoy muy orgulloso de colaborar en la coordinación de una serie internacional de antologías que están siendo publicadas en la UPN de Colombia, en Bogotá, y que las universidades mexicanas fueron incapaces de llevar adelante. &lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Los colegas colombianos que conozco en México parecen confirmar la impresión que tengo de que haber nacido y crecido en Colombia podría garantizar un equilibrio natural entre la capacidad de inmersión en lo cotidiano (que puede manifestarse en una afinidad hacia la música y el baile) y una notable disciplina de trabajo (que se manifiesta en un apasionamiento por lo que se hace, y por el deseo de hacerlo bien). Espero seguir conociendo el país y aprender más sobre una cultura donde, aunque no se conoce la tortilla, todavía se puede probar el mejor café de la región.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;pre style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: 8pt; font-family: Arial;"&gt;Derechos reservados&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;© Lauro Zavala&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/pre&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7678238456469006248-8105977379263016946?l=comunpresenciaensayos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/8105977379263016946'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/8105977379263016946'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comunpresenciaensayos.blogspot.com/2006/12/arepas-y-mariachis-miradas-la-cultura.html' title='Arepas y mariachis: Miradas a la cultura colombiana'/><author><name>Cuento Breve</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7678238456469006248.post-7907785931596462872</id><published>2006-12-26T13:05:00.001-05:00</published><updated>2006-12-26T13:05:37.465-05:00</updated><title type='text'>Colombia en blanco y negro</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Por &lt;b&gt;Mónica Lavín&lt;/b&gt;&lt;i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Cuando uno ha conocido un pedazo de un país a vuela pluma, entre voces de escritores, con el ánimo agradecido por la oportunidad, con la curiosidad azuzada y el talante dispuesto a registrarlo todo: temperaturas, sabores, vistas, preocupaciones, tensiones, arrebatos, el álbum de la memoria tarda tiempo en armarse.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Las instantáneas flotan hasta que las palabras las aprisionan. Recuerdo una Colombia en blanco y negro, no porque el verde oscuro bogotano y el tierno cartagenero le restaran color, la recuerdo en contrastes asombrosos. La altura nubosa de la cumbre de Monserrate y el barrio antiguo de La Candelaria, de casas señoriales con fachadas coloridas a las faldas de la sierra. El dulce hablar de los bogotanos con ese título de doctora por delante y el usted salpicando de cortés reverencia mientras los militares vigilan las puertas del Hotel Tequendama y revisan nuestros bolsos. Las precauciones para andar afuera y dentro del hotel y un ejército de adolescentes deportistas bajando y subiendo por los ascensores con sus atavíos de colores y fisonomías diversas. Los ladrillos rojos contra un cielo azul intenso. Bogotá es una ciudad de ladrillos rojos, de edificios modernos espectaculares, que rozan la altura del Monserrate, al menos así se percibe desde el cuarto del hotel, y de negocios abandonados, construcciones detenidas en el tiempo. (Algunas partes me recuerdan a una ciudad de México de los años cincuenta). Colombia es el oro labrado en pequeñas piezas y el gran formato de los cuerpos desbordados de un Botero. Es el amasiato entre la rana y el sol, batracio desbancado por su infidelidad al astro rey. La adúltera es reina en la tierra y es objeto de culto,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;pieza dorada en un arete, en un dije. Bogotá es tierra fría, tierra de montaña que obliga a ponernos el saco grueso, el abrigo y a comer caldos restauradores e inolvidables.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;La legendaria Cartagena, al cobijo del mar Caribe, es la foto de ropa ligera, las construcciones de grandes rejas, aleros y patio central engalanado de exuberancia vegetal. Cartagena disimula la violencia que amenaza al país, no la caminan los soldados y el silencio. Cartagena es desparpajada, con esa cara al mar pobló sus muros con un poco de África, Europa y América. En Cartagena el tiempo se desanda porque se diluye en las aguas que llevan y traen lo insospechado. Un convento es un hotel que arrulla los pecados y absuelve a los hedonistas que se saturan las venas de vino, paisaje y piel. Cartagena es bullanguera, el mercadeo da vida a las calles, la música sale por los poros de los edificios, por los poros de sus habitantes. Está allí para ser novelada por García Márquez o Efraim Medina que nos cuenta de Diomedes (así sin acento en la o), de la leyenda viva y no podemos resistir comprar sus vallenatos para llevar un poco de Cartagena de vuelta a casa. Diomedes que aún preso tuvo permiso de salir a cantar a las calles de Cartagena. La música es el perdón y la redención. Así parecen saberlo los cuerpos que se dejan a los ritmos que en su frenesí destilan esa nostalgia propia de los pueblos que miran al mar como si algo se les hubiera perdido para siempre y existiera, de cualquier manera, una esperanza en la incertidumbre del horizonte.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Colombia en blanco y negro tan cerca de la perplejidad y el asombro, del dolor y la alegría, tan cerca de México.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;pre style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: 8pt; font-family: Arial;"&gt;Derechos reservados&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;© Mónica Lavín&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/pre&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7678238456469006248-7907785931596462872?l=comunpresenciaensayos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/7907785931596462872'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/7907785931596462872'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comunpresenciaensayos.blogspot.com/2006/12/colombia-en-blanco-y-negro.html' title='Colombia en blanco y negro'/><author><name>Cuento Breve</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7678238456469006248.post-2477422375212080026</id><published>2006-12-26T13:03:00.000-05:00</published><updated>2006-12-26T13:04:04.346-05:00</updated><title type='text'>El problema es el aire</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Por &lt;b&gt;Elmer Mendoza&lt;/b&gt;&lt;i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Cruzamos la cordillera siguiendo la ruta de los arrieros. Carlos Barriga me cuenta me engaña me sorprende. Mis oídos sufren: es el aire. Botero dice que la montaña se irrita cuando entrena, pronuncia las cuestas y le manda su mal. Luis Álvaro Mejía me ha dado una bolsa de libros de los mejores narradores del país. En la Literatura está todo, es el corazón y el alma de los pueblos, ¿quién dijo esa barbaridad? Barriga, en el Gallineral,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;me platica la historia de su abuelo y el asunto de la espía de los ojos negros. El aire moja mis lentes. Valentina toma un helado y Rosalba va al baño. Comemos pescado, bebemos cerveza y aguardiente. La carretera es angosta y peligrosa. Mientras Barriga se siente Mendoza, escuchamos cumbias, vallenatos, cantos del Morichal y jazz. Bebemos tinto. Allí también hay una historia de indígenas y café orgánico, y el aire, siempre el aire que ve todo con ojos agrietados. Recordamos los estoraques y cómo la naturaleza puede dar pie a los genios. Observo que Carlos trabaja demasiado, dice que es la única forma de vivir. El aire vigila aparejado. Visito la habitación donde José Asunción Silva se quitó la vida y no me queda otra que pedirle a mi amigo que me lleve a una tanguera, quiero oír a Gardel, a Troilo, a Castillo, a los viejos. Una manifestación nos cierra el paso. El aire está más denso que nunca. Carlos y Fabio comentan la novela &lt;i&gt;Tequila coxis&lt;/i&gt; de Eduardo García Aguilar; algo así como una literatura del recuerdo, por lo que cuenta el autor. Esa noche cenamos crepas y hablamos de la Literatura como rigor, el reino de la incertidumbre, donde jamás sabes qué pasa porque ni lectores ni críticos se ocupan de tus libros. Brindamos, es lo que hacen los espíritus indómitos. Total, todo está más cerca del olvido que de la memoria. Por eso el libro de Eduardo es interesante. El aire, que se ha vuelto opaco, nos golpea los rostros. Frente al santuario de Monserrate pensamos en los fundadores de Bogotá, la sonrisa con la que deben haber brindado. No recuerdo el nombre del lugar donde fuimos a parar, un sitio lleno de mujeres que traspasan espejos, comen gansos crudos y cuando menos te lo esperas se vuelven nacaradas. Si Dagoberto Páramo no hubiera llamado quién sabe dónde estaríamos. Al marcharnos, quedamos paralizados en el centro del sitio, hombres mujeres y niños nos gritaban, No, sorprendidos, sonriendo, continuamos hacia la salida, desplazados secuestrados y asesinados insistían: No, ¿Creen que hicimos caso? Claro que no, un colombiano y un mexicano han aprendido que para salir en la foto hay que moverse. Abrir la puerta y comprender fue uno: El aire, el maldito, estaba muy pesado y era verde. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;pre style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: 8pt; font-family: Arial;"&gt;Derechos reservados&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;© Elmer Mendoza&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/pre&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7678238456469006248-2477422375212080026?l=comunpresenciaensayos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/2477422375212080026'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/2477422375212080026'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comunpresenciaensayos.blogspot.com/2006/12/el-problema-es-el-aire.html' title='El problema es el aire'/><author><name>Cuento Breve</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7678238456469006248.post-4761782008123753284</id><published>2006-12-26T13:02:00.001-05:00</published><updated>2006-12-26T13:02:36.216-05:00</updated><title type='text'>Los paisajes de una tierra</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Por &lt;b&gt;Rafael Ramírez Heredia&lt;/b&gt;&lt;i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Colombia se mete en el alma desde el primer momento. Atrapable y atrapante, se deja querer con esa voluptuosidad de sus paisajes. Colombiano es sinónimo de paz, de literatura magistral, de cultura señera, de amistad profunda, de generosidad, todo lo que se arma en grandes pilares que no han podido ser derruidos ni por balas, injusticia, o latinoamericana pobreza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;En las grandes ciudades como Bogotá, Cali, Medellín, o Cartagena, en las pequeñas y en los pueblos como pintados en la campiña, en medio de esa geografía ensoñada, inmersa en las serranías y en las nubes, en las playas y en la selva, en los ríos, en las construcciones mágicas, en los pueblitos recostados entre las flores, la gente muestra un coraje y una fuerza sin que las negruras se apoderen de ella. Es la enorme capacidad de los colombianos para sentirse orgullosos de su país. Nada impide que la gente bulla vital en medio del franco deseo de salir adelante porque saben que su país es más poderoso que la historia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;En las ciudades, caminos, poblados con olor a fruta fresca, paisajes de color cambiante, los códigos de vida se hacen intensos: Se publican y presentan libros. Exposiciones de pintura y escultura. Fútbol. Edificios señoriales. Canciones en las calles. Notas musicales y mujeres de ensueño. La comida es atadura de vida y la amabilidad es fundamento en la manera de ser. La verbalidad colombiana y su sentido del humor. A lo largo de mi romance con Colombia, no he sabido de ningún visitante que no comparta mi amor después de haber conocido, bebido, comido, sentido el cariño colombiano. El paisaje está tan vivo como su gente orgullosa de su nacencia sin soslayar la negrura de la existencia porque nadie es tan torpe para negar los hechos. Los males que cargan los países latinoamericanos no han destruido lo más profundo del alma colombiana: su actitud libertaria, su amor por la vida, su capacidad de trabajo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Y nosotros, todos, sabemos que a Colombia no la vence nadie aunque el fantasma global ronde por esta América más hacia el sur del Río Bravo: desde este México hasta los perfiles mágicos de la Patagonia, esta América nuestra donde Colombia es parte fundamental de los bellos sueños que aún persisten en este territorio que es de nuestra propiedad, sólo nuestra, como la Colombia de todos los seres del mundo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;pre style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: 8pt; font-family: Arial;"&gt;Derechos reservados&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/pre&gt;&lt;pre style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: 8pt; font-family: Arial;"&gt;© Rafael Ramírez Heredia&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/pre&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7678238456469006248-4761782008123753284?l=comunpresenciaensayos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/4761782008123753284'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/4761782008123753284'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comunpresenciaensayos.blogspot.com/2006/12/los-paisajes-de-una-tierra.html' title='Los paisajes de una tierra'/><author><name>Cuento Breve</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7678238456469006248.post-2834227262090596150</id><published>2006-12-26T12:59:00.000-05:00</published><updated>2006-12-26T13:01:15.219-05:00</updated><title type='text'>Una paloma</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Por &lt;b&gt;José Vicente Anaya&lt;/b&gt;&lt;i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Para mí, a los once años de edad, Colombia era una paloma. Esto se debió a que estudiaba latín con un sacerdote que me preparaba para entrar al seminario (lo cual no sucedió porque en la adolescencia encontré el enorme gozo del amor a la mujer). En aquel tiempo relacioné el nombre Colombia con columba que es paloma en latín. Después supe que ese país adoptó su nombre como homenaje o reconocimiento a Cristóphoro Columbus (que en este caso el Columbus sí viene de columba). Al paso de más años Colombia fue su literatura y sobre todo su poesía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;En mi temprana adolescencia apareció la vida y obra de José Asunción Silva que mucho me impresionó, y desde aquel entonces, hasta hoy en día, siento ese extraño poético transmitir de un misterio inenarrable en el verso repetitivo: &lt;i&gt;«y eran una sola sombra larga/ y eran una sola sombra larga/ y eran una sola sombra larga...» &lt;/i&gt;Más tarde Colombia siguió creciendo en mi mente con los retozantes juegos de palabras y el franco ludismo en los versos de León de Greiff. Con&lt;i&gt; El Gran Burundún Burundá ha muerto &lt;/i&gt;Jorge Zalamea me llevó a saborear la sabrosura de nuestro idioma (libro cuya primera y única edición mexicana de 1982 yo elaboré en la Universidad Autónoma del Estado de México, donde trabajé como Jefe del Departamento Editorial). Sigo creyendo que las mejores traducciones al español de la poesía de Saint-John Perse son las de Zalamea; por esto y por su singular ensayo&lt;i&gt; La poesía ignorada y olvidada, &lt;/i&gt;Jorge Zalamea ha sido para mí todo un maestro. Otra muy fuerte imagen de Colombia es, sin duda, &lt;i&gt;Cien años de soledad&lt;/i&gt; cuya primera lectura hice cuando Gabo no era tan famoso, allá por 1968 (a mis veinte años de edad, participando en la lucha estudiantil contra las opresiones y represiones del gobierno). &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Para mí fue determinante el ludismo y liberación de la palabra que ejercieron los poetas nadaístas Gonzalo Arango, Jotamario, Jan Arb, X-504, Armando Romero y otros.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;El año pasado, 2003, tuve la oportunidad de participar en el Festival Internacional de Poesía de Bogotá que organiza el infatigable poeta Rafael Del Castillo; y así pude conocer esa bella capital ahora tan castigada (con el país entero) por el irracionalismo de los políticos de todos los colores y tendencias. También conocí y amé a Manizales que en varios momentos la sentí hermanada con la budista Lhasa o con la tarahumara Guachochic (en la Sierra de Chihuahua, mi tierra natal) sobera-namente alzada entre verdores de montañas. Y leer ahora poetas colombianos como Rogelio Echavarría, Amparo Osorio, Gonzalo Márquez Cristo, María Mercedes Carranza, Darío Jaramillo o Álvaro Miranda, por mencionar sólo algunos, es también revisitar a una Colombia que nos da vida, porque la poesía en estos tiempos es también un territorio vivible (la única utopía infinita) y muy superior al que nos entrega y somete el principio de realidad. Por todo lo dicho, para mí Colombia seguirá siendo una paloma.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;pre style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: 8pt; font-family: Arial;"&gt;Derechos reservados&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;© José Vicente Anaya&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/pre&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7678238456469006248-2834227262090596150?l=comunpresenciaensayos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/2834227262090596150'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/2834227262090596150'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comunpresenciaensayos.blogspot.com/2006/12/una-paloma.html' title='Una paloma'/><author><name>Cuento Breve</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7678238456469006248.post-1102541536906440617</id><published>2006-12-26T12:58:00.000-05:00</published><updated>2006-12-26T12:59:30.287-05:00</updated><title type='text'>El misterio de Colombia</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Por &lt;b&gt;Fabio Jurado Valencia&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;México no es un misterio para los colombianos, es un deseo. No es un misterio porque México es imaginable a través de las rancheras y de las películas; es también imaginable a través de la literatura y sus escritores. De lo primero, confesamos, los de nuestra generación, que aprendimos a reconocer la historia de México en los matinés del domingo y que aprendimos a leer no con las cartillas sino con los cómics de Santo, el enmascarado de plata, y de los protagonistas de la lucha libre de entonces, como Blue Demon, Neutrón y El Médico Asesino, aparte de los vaqueros, paladines de la justicia, como Juan Sin Miedo y El Valiente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;De lo segundo, nunca llegamos a pensar que podríamos dar el salto de la lectura de cómics a la lectura de &lt;i&gt;Los de abajo, El águila y la serpiente, Pedro Páramo &lt;/i&gt;y&lt;i&gt; El llano en llamas.&lt;/i&gt; Hoy, guardando las distancias, podemos decir que el lenguaje de los héroes del cine y de aquella literatura de masas nos hizo sentir como familiar el lenguaje de los personajes de la narrativa literaria mexicana.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;Pero Colombia sí es un misterio para los mexicanos y mucho más para los escritores y los artistas. Algunos me han dicho que antes de venir a Colombia las imágenes son borrosas e inciertas, si bien atrayentes. Hay imágenes que derivan de la experiencia de lectura escolar de la poesía de José Asunción Silva o de la imagen picaresca de Porfirio Barba-Jacob. Pero las imágenes más fuertes provienen de &lt;i&gt;Cien años de soledad; &lt;/i&gt;casi uno podría decir que es por esta novela que los jóvenes escritores, y los veteranos escritores, quisieran estar por unos días en este nuestro país de desasosiegos y de esperas. También como lo muestran estos textos, la comunicación intensa entre los escritores de los dos países ha hecho sentir la necesidad del encuentro, aquí o allá.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;De mi parte debo decir que cada encuentro en la universidad ha sido distinto. Francisco Cervantes fue el primero, por allá en el año 1989, cuando no pudo más que recordarnos la experiencia de su primer viaje: «Barro Colorado, si mi sangre en ti mezclada/ Ya fue, ¿de nuevo encontraré la nada/ En tu polvo más real que esta sangría?/ Bogotá, Bogotá, mi sangre es tan tuya como mía».&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;Años después León Plascencia será el primero en abrir la serie de lecturas para el Programa Viernes de Poesía, del Departamento de Literatura, que en la actualidad completa 25 cuadernos publicados. Toda la década del noventa fue un permanente fluir de investigadores y de escritores mexicanos en nuestra universidad. Un fluir que se ha prolongado en lo que llevamos de este siglo, gracias a los apoyos de la Embajada de México y a la labor emprendedora de su Agregado Cultural, y también escritor, Eduardo Cruz. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;La memoria prodigiosa de Hugo Gutiérrez Vega, la ironía de René Avilés Fábila, la sapiencia de Marco Antonio Campos, el entusiasmo y la alegría de José Angel Leyva, la generosidad de Rafael Ramírez Heredia para con los escritores jóvenes, la locuacidad y la fuerza persuasiva de Juan Villoro, la preocupación por el lector en Lauro Zavala, la humildad de Margarito Cuéllar, las ansias de saber más sobre Colombia, en Sandro Cohen y en Mónica Lavín… Difícil es dar fe de los empeños de todos los escritores mexicanos que en estos últimos años han estado entre nosotros. Algunos de ellos nos hablan aquí de sus representaciones sobre Bogotá, Medellín, Cartagena, Manizales, Tunja y Villavicencio. Interesante material sin duda para quienes indagan alrededor de los imaginarios.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;" align="center"&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;pre style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: 8pt; font-family: Arial;"&gt;Derechos reservados&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;© Fabio Jurado Valencia&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/pre&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7678238456469006248-1102541536906440617?l=comunpresenciaensayos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/1102541536906440617'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/1102541536906440617'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comunpresenciaensayos.blogspot.com/2006/12/el-misterio-de-colombia.html' title='El misterio de Colombia'/><author><name>Cuento Breve</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7678238456469006248.post-4706632258296862222</id><published>2006-12-26T12:56:00.000-05:00</published><updated>2006-12-26T12:57:57.795-05:00</updated><title type='text'>Colombia, una versión intensa</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Por &lt;b&gt;Juan Villoro&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Colombia representa para mí una versión intensa y extremada de mi propio país, México. La cortesía, el gusto por el lenguaje, el esplendor de la cultura popular y la violencia son circunstancias que nos unen. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Nuestra historia, tantas veces dramática, nunca es aburrida. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;El fútbol colombiano me cautiva por una rara magia que supo descifrar Darío Jaramillo: es genial, pero en cámara lenta. El Pibe Valderrama es el único astro que chutaba prodigios como si durmiera la siesta.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Los escritores mexicanos hemos tenido la suerte de convivir en casa con Porfirio Barba Jacob, Gabriel García Márquez, Alvaro Mutis, Fernando Vallejo, Laura Restrepo, Eduardo García Aguilar y tantos otros. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Me entusiasman las revistas colombianas (Gradiva, Número, Gatopardo, El Malpensante, &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Semana, sin&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;olvidar la benemérita Eco), inconcebibles en otro sitio. Como tantos, caí enamorado de Margarita Rosa de Francisco en &lt;i&gt;Café con aroma de mujer&lt;/i&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;y lamenté que en la trama de la telenovela México negociara en Inglaterra sus ventas del «aromático grano» sin tomar en cuenta los intereses de América Latina ni los inolvidables ojos de La Paloma. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Conozco Cali, tierra del Rimbaud salsero Andrés Caicedo, y Bogotá, donde me he perdido bajo una lluvia bíblica sin sentir la menor angustia. Sólo esa vez estuve dispuesto a que me tragara el agua o la selva o cualquier vorágine del carajo que trajera la ciudad. El cine de Gaviria y la pintura de Caballero me parecen estremecedores ejercicios de valentía y estética. La poesía amorosa de Darío Jaramillo, los ensayos sobre literatura centroeuropea de Moreno Durán, la alucinada metáfora que Abad Faciolince logró en &lt;i&gt;Angosta,&lt;/i&gt; los cuentos de Germán Espinosa y la permanente novedad de Asunción Silva, Aurelio Arturo y Eduardo Carranza son razones para no perder el tiempo en la Tierra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;No conozco Medellín pero he oído la voz de sus mujeres, que justifican la invención del castellano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Quisiera conocer al bogotano que, según me contó Santiago Gamboa, bautizó una peluquería de barrio como «El Gran Gatsby».&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;En los edificios públicos de Salmona he sentido el cautivador misterio de estar en un espacio íntimo, donde el ladrillo y los estanques proponen la relación individual de una casa, que en este caso por casualidad recibe a miles de personas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Reconozco una torpeza de los que somos demasiado altos: no puedo bailar salsa o, peor aún, puedo bailarla atrozmente. Las noches de salsa me hacen sentir extranjero en Colombia pero me repongo al día siguiente en cualquier droguería, donde hay todo de todo (de Internet a una botella de ron y a veces hasta una aspirina) y donde nadie, ni siquiera un desastrozo bailarín de salsa, es extranjero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;pre style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: 8pt; font-family: Arial;"&gt;Derechos reservados&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;© Juan Villoro&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/pre&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7678238456469006248-4706632258296862222?l=comunpresenciaensayos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/4706632258296862222'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/4706632258296862222'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comunpresenciaensayos.blogspot.com/2006/12/colombia-una-versin-intensa.html' title='Colombia, una versión intensa'/><author><name>Cuento Breve</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7678238456469006248.post-5856221515612435728</id><published>2006-12-26T12:53:00.000-05:00</published><updated>2006-12-26T12:54:27.323-05:00</updated><title type='text'>Interrogatorio</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Por&lt;b style=""&gt; Javier Vásconez&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[if supportFields]&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="'font-size:14.0pt;line-height:150%;font-family:Arial'"&gt;&lt;span style="'mso-element:field-begin'"&gt;&lt;/span&gt;tc &amp;quot;Interrogatorio&amp;quot;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if supportFields]&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="'font-size:14.0pt;line-height:150%;font-family:Arial'"&gt;&lt;span style="'mso-element:field-end'"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;La indagación sobre sus obsesiones: las ciudades imaginadas, el universo de la novela y la configuración de sus ficciones, es lo emprendido por este escritor ecuatoriano en el ensayo que reproducimos en el No. 16 de Común Presencia, donde el acto de escribir es definido como un ejercicio de libertad&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Al verme obligado a retornar al pasado para hablar de mis libros, convendría aclarar que me siento tan desamparado como si me encontrara frente a un tribunal, o reflejado en el espejo de mi propia conciencia. Quizás esa haya sido la intención última y secreta del poeta y editor Antonio Correa: activar nuestra reconocida desidia y ponernos a todos contra la pared con el propósito de inducirnos a interrogar sobre nuestro parentesco literario.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Si la función del crítico es, según el escritor Mauricio Molina, hacer de intérprete en el sentido musical del término, escuchar los ecos de una obra, discernir señales, en cambio, la tarea de un escritor que pretende indagar sobre sí mismo es de otra índole. Por eso me atrevo a afirmar que el hecho de haber aceptado la convención de someterme a un prolongado interrogatorio conmigo mismo constituye el punto de partida para alcanzar la deseada introspección estética­ siempre de forma parcial­, ya que es un recurso como cualquier otro para reflexionar críticamente sobre esa zona de tinieblas que es la escritura.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;¿De dónde viene mi interés por las ciudades? De mucho tiempo atrás. Esta curiosidad no es estrictamente literaria, sino más bien viajera, filatélica, aunque sin duda se remonta a ciertos libros encontrados en la casa de mis abuelos frente a la iglesia de La Compañía. También está relacionada con una colección de mapas, almanaques, guías de viaje y un catálogo con estampillas, donde vi por primera vez escritos nombres tan exóticos y distantes como Mozambique, Jamaica y Sierra Leona. Durante esas desapacibles tardes de lluvia quiteña, yo fui desembarcando en ciudades tan emblemáticas como Lisboa, Veracruz, Estambul y Budapest. Pero no nos equivoquemos. Todo escritor moderno es un ingeniero, un arquitecto, un diseñador de ciudades. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;De ahí resulta que mi curiosidad por ellas forma parte de una tradición moderna. En mi caso, puedo asegurar que han cobrado interés por los autores que han escrito sobre ellas, porque las ciudades adquieren sentido únicamente cuando un escritor las ha edificado con su pluma. Incluso me atrevería a decir que algunas fueron inventadas por la ficción. Si Joyce construyó un Dublín compuesto de palabras y Proust hizo un retrato de los salones aristocráticos de París, no resulta difícil imaginar a Faulkner comprimiendo la historia de Oxford, en Mississippi, hasta reducir su condado al tamaño de un sello de correos y a Onetti diseñando Santa María, la cual no es sino el reflejo gótico y fantasmal del Río de la Plata.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;No, no me interesa la ciudad como historia, ni como retrato de costumbres, sino como escenario de unos cuantos personajes. Me interesa inventar la naturaleza de esta ciudad. Quiero evocar su vibración, su atmósfera, la luz que irradia por la que tengo una extraña fascinación­ y, por último, captar su densidad sicológica. De hecho, Quito ha pretendido olvidarse de sí misma, dar la espalda a su pasado barroco y español, rechazando de algún modo su modesta tradición europea. Hay escritores que han logrado retratar regiones como el Caribe, el Río de la Plata y también México, pero siempre me he preguntado y es una inquietud muy personal­ qué ha pasado en los Andes. ¿Por qué este aislamiento? En el mundo andino hay escritores definitivamente urbanos (Julio Ramón Ribeyro, Bryce Echenique), pero nadie parece haberse dado cuenta de ello. A los proyectos literarios de Icaza y de Arguedas los considero definitivamente superados.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Es difícil saber cuánto de experiencia, cuánto de recuerdo, cuánto de deseo o de invención hay en la ciudad de mis escritos. Lo importante era inventar literariamente a Quito. Porque vivir en ella es como estar desterrado en la ciudad en que uno ha nacido. Mantengo una relación muy compleja con ella, y más de una vez he mencionado la destructiva y paralizante melancolía de sus habitantes. Siempre he hablado de su pasividad (seguramente provocada por la cercanía del volcán), y de su extraña relación con el pasado y con el tiempo. Un buen día descubrimos que aquí no va a pasar nada, porque esto es una ilusión o quizá el delirio de un borracho. Por eso la preferencia de sus habitantes por tiempos verbales como el condicional y el subjuntivo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;En efecto, &lt;i&gt;Ciudad Lejana &lt;/i&gt;es un libro fundacional. Es mi primer libro de cuentos. Pero también es un viaje hacia el pasado y un recorrido por el centro de la ciudad barroca en la cual transcurrió mi infancia. Algunos de esos cuentos son como retablos. Rinden tributo a ciertos barrios y personajes de la ciudad. Es un compendio sobre la arquitectura del Quito antiguo. También es un libro sobre los horrores y terrores de la infancia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;El hombre de la mirada oblicua&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt; es mi segundo libro de cuentos y lo escribí en Barcelona. Es el libro de un sonámbulo y de un insomne. Mi intención fue escribir algunos cuentos que tuvieran la características de una fotografía en blanco y negro. Mucho me temo que no lo logré plenamente, pero ese fue el propósito inicial. Además, intenté varias búsquedas formales. En contraste con &lt;i&gt;Ciudad lejana, &lt;/i&gt;en este libro el estilo se torna más sobrio, contenido, y la ciudad entera se transforma con el propósito de hacer un guiño, un homenaje a la novela negra. También hubo cambios en la estructura de los cuentos, en el modo de enfocar los personajes y en la predilección por los narradores soñadores y conjeturales.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Del cuento siempre me ha cautivado su atmósfera de fábula sin moraleja, de narración, aunque se trate de un cuento realista. Su estructura está formada por una membrana tan delicada, imperceptible, que suele engañar a sus mejores lectores. Un buen cuento tiene la capacidad de transformarse y soslayar cosas terribles, como ocurre con la metamorfosis de ciertos insectos. En muchos de ellos pesa más lo oculto que lo que está escrito. Sin embargo, quiero insistir en que hay algo en común en todos ellos y es el tono de fábula con que fueron narrados.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;De este género tan delicado y complejo, los propios autores y los críticos han hecho definiciones demasiado rotundas, incluso se ha hablado del cuento en términos de boxeo, por eso me resisto a creer en la necesidad de que sea breve (la realidad nos demuestra lo contrario). Tampoco se lo puede catalogar ni definir por su final. El cuento ha sufrido diversas transformaciones durante su largo recorrido por lenguas y culturas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Existe la creencia de que los mejores cuentos son los apegados a las convenciones históricas del género, yo no comparto esta opinión. El cuento es tan permeable, que se ha adaptado perfectamente a las circunstancias más adversas y diversas, desde &lt;i&gt;Las mil y una noches&lt;/i&gt; hasta llegar triunfante a nuestros días. Podríamos tomar como ejemplo los cuentos de Henry James, de Nabokov, de Borges, de Clarice Lispector o de Juan Benet. Bárbara Jacobs y Augusto Monterroso, en su &lt;i&gt;Antología del cuento triste, &lt;/i&gt;afirman que en un buen cuento se concentra toda la vida. Acaso fue bajo esta perspectiva como surgió &lt;i&gt;Angelote, amor mío. &lt;/i&gt;Muchos habrían deseado que no escribiera más que este cuento, por lo que he llegado a sentir un poco de aversión hacia él. De hecho, conozco perfectamente su procedencia. Es algo que no me ha pasado con otros relatos cuyo origen es más ambiguo. Nacieron como una imagen, un rostro detrás de una ventana, un sentimiento de misterio frente a un personaje. Así escribí &lt;i&gt;El jockey y el mar,&lt;/i&gt; cuento donde aparece por primera vez el doctor Kronz. En &lt;i&gt;Angelote, amor mío&lt;/i&gt; lo principal no es la homosexualidad del personaje, como tantos quieren creer, sino la soledad de un hombre frente al amor. Concebido como una venganza, el cuento está escrito con un tono enconado, rencoroso. Había asistido al entierro de un pariente homosexual y al escuchar risotadas y tanta vulgaridad hipócrita, tuve la idea de vengarme escribiendo sobre ese hombre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;La carta inconclusa&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt; no es un cuento, sino una carta de amor. Pero el epígrafe de Cioran es lo que mejor define su sentido. Utilicé este recurso: una carta­, porque consideré que era el más apropiado y convincente para que el narrador alucinara, divagara y reconstruyera los hechos a través de la memoria, y para que se comunicara con una vieja loca, extravagante. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Me refiero a Ana Bermeo, la «Torera.» En sus idas y venidas por la ciudad, armada de un palo, esta mujer busca obsesivamente su libertad. Escribí el cuento en Corrubedo, un pueblo de Galicia, y decidí darle ese tono coloquial, epistolar, para contraponer a dos ciudades tan distintas entre sí: Barcelona y Quito.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Todo cuento puede ser considerado un sueño. Y como ocurre en muchas ocasiones, los sueños nos producen una extraña sensación. Esto es fundamental. &lt;i&gt;Un extraño en el puerto&lt;/i&gt; es decididamente un sueño del que tenemos que despertar. Supongo que fue escrito con una sensación de hostilidad hacia el entorno montañoso de la ciudad. Un día me desperté con el sonido de una sirena en mi habitación. En el barco venía un hombre que traía una carta de Nueva York. Yo no sabía quién era ese hombre, ni a quién iba dirigida la carta. Para conocerlo y entablar una relación más duradera con él, debía resignarme a escribir el cuento. Así que me dejé llevar por el ritmo de las palabras. Luego, todo se fue complicando: la visión del puerto, las imágenes y la relación con el cine, la presencia del médico, el manejo del tiempo, la trama. Este cuento, que provenía directamente de un sueño, exigió muchas cosas de mí. Escribirlo fue un ejercicio de exorcismo y me ayudó a conjurar mi claustrofobia frente a las montañas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Un cuento no se define por la extensión, sino por la atmósfera de ensueño que flota a su alrededor. En este sentido &lt;i&gt;El secreto&lt;/i&gt; no es un cuento, sino una novela corta. Y está inspirada en un hecho real. A pesar de haber sido un asesino de niñas, Camargo era un hombre culto, sensible, a quien le gustaba leer novelas. Cuando lo arrestaron llevaba en su maletín libros de Dostoiesvki, &lt;i&gt;La casa verde &lt;/i&gt;de Vargas Llosa y algún libro de Sábato. Por esta razón &lt;i&gt;El secreto&lt;/i&gt; podría ser considerado una discreta investigación acerca de la maldad humana. Convertí a su protagonista en una especie de poeta del mal. A partir de esta relación construye una atmósfera y un mundo en el cual piensa actuar. Por eso lleva un mapa, aunque su función sea meramente simbólica, y es gracias al mapa que va a conquistar ciertas zonas inaccesibles de la ciudad. Es un calculador, un perfeccionista y un orfebre que retoca con sus actos una realidad. Para este hombre, el mal posee una ética y una estética, aunque no sea la que le conviene a la sociedad. Su conducta parece haberse inclinado decididamente hacia los extremos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Para concluir, debería ocuparme del cuento &lt;i&gt;Eva, la luna y la ciudad,&lt;/i&gt; pero he preferido dejarlo para otra ocasión, ya que me atrevo a señalar que ese relato merece un apartado especial, pues más que ningún otro nació de la duda y de la incertidumbre. Todas las cosas albergan un significado oculto y para un escritor cualquier experiencia, lectura, viaje, funciona como material en bruto. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;A veces oigo voces y echo mano de la memoria, otras oigo una historia que deseo contar. Es la hora cero de un escritor. Cualquier vida puede ser narrada, sólo hace falta sumergirse en ella. Para mí indagar es sinónimo de imaginar la vida de otros. Detrás del más insignificante de los hombres hay una historia, y si no la vemos, tenemos la obligación de inventarla. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Eso hacemos los escritores: contar ficciones y vidas inventadas. A menudo pretendemos aclarar el misterio de una vida escribiendo acerca de ella, aunque ningún escritor­ ni siquiera el más talentoso sea capaz de descifrarla en su totalidad. Los escritores incursionamos como topos en la conciencia. Escribir es una forma de conocimiento y de espionaje. Ahora conozco mejor al doctor Kronz el protagonista de &lt;i&gt;El viajero de Praga&lt;/i&gt; por haber estado tan cerca de él cuando escribía la novela. Como cualquier escritor trabajo con emociones y con sentimientos. Esto no ha variado desde la época de Cervantes. Por supuesto la literatura se nutre de carencias y de silencios, de incógnitas, de cosas a veces no registradas por la palabra, del asombro que Aristóteles pedía para la filosofía. Literatura es todo lo que se oculta entre líneas, y es un residuo de la realidad. Los escritores vivimos obsesionados por la conducta humana. El dolor, la ruina, el amor, la enfermedad, el valor, la muerte, el tiempo, la venganza y los sueños de los hombres. Pero escribir es mucho más que contar bien una historia, es sobre todo un ejercicio de libertad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;pre style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: 8pt; font-family: Arial;"&gt;Derechos reservados&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;© Javier Vásconez&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/pre&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7678238456469006248-5856221515612435728?l=comunpresenciaensayos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/5856221515612435728'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/5856221515612435728'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comunpresenciaensayos.blogspot.com/2006/12/interrogatorio.html' title='Interrogatorio'/><author><name>Cuento Breve</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7678238456469006248.post-1405078659818207941</id><published>2006-12-26T12:21:00.000-05:00</published><updated>2006-12-26T12:31:44.233-05:00</updated><title type='text'>Cuatro visiones de la poesía actual colombiana</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;" align="center"&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;Por&lt;b&gt; &lt;span style="text-transform: uppercase;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Enrique Ferrer Corredor&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;" align="center"&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;Ante la ausencia de crítica sobre el ejercicio poético en nuestro país posterior a la llamada &lt;i&gt;Generación Desencantada&lt;/i&gt;, publicamos a continuación un ensayo que reflexiona sobre algunas vertientes que han hollado los creadores durante las últimas dos décadas, aparecido en el No. 15 de la Revista Común Presencia. &lt;i&gt;Transmodernos, Cotidianistas, Oficiantes del Vértigo y Esencialistas,&lt;/i&gt; son categorías propuestas por el autor para comprender los caminos que ha tomado la alta palabra en este territorio desahuciado&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;La poesía es diálogo y fundación, los poetas de las últimas generaciones en Colombia no cesan en la construcción de un nuevo tejido de palabras como indagación permanente de lo cotidiano, sólo el poeta construye leyes en la revelación del instante. Esta lectura del mundo a través de la estética de la palabra no ha sido analizada a plenitud en movimientos posteriores a la llamada &lt;i&gt;Generación Desencantada, &lt;/i&gt;y como ya están aquí las voces de relevo frente al canon de la tradición añeja es importante señalar las nuevas rutas de la producción poética. No abundan los trabajos sobre los matices de la estética actual, por esa carencia, este diálogo es una invitación a la indagación. Se sugiere que el discurso crítico, siempre valioso y co-fundador, no olvide su fuente: la palabra como material estético de una lectura del mundo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;BITÁCORA&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;!--[if supportFields]&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="'font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial'"&gt;&lt;span style="'mso-element:field-begin'"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;b style="'mso-bidi-font-weight:"&gt;&lt;span style="'font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial'"&gt;tc &amp;quot;&lt;span style="'mso-bidi-font-weight:bold'"&gt;Bitácora&lt;/span&gt;&amp;quot;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if supportFields]&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="'font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial'"&gt;&lt;span style="'mso-element:field-end'"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;La literatura colombiana contemporánea&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;retoma viejas herencias, hecho notorio en un grupo determinado de las generaciones de los 80s y 90s: su carácter metafísico y trágico, de lo que se ocupará este ensayo. Este doble tatuaje de la escritura actual nos viene desde los griegos, el Siglo de Oro español y el Renacimiento inglés. Siguieron otros tránsitos trascendentes. Obviamente, una y otra herencia adquieren al fin de siglo XX, perfiles actuales e inéditos. Así, la condición&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;de una frontera del saber cada día más borrosa entre el arte y la reflexión filosófica, forja con esta visión poética (“esencialista”) autores ilustrados y reflexivos: reconstructores del mundo a través de la palabra y de un tapiz expresionista trágico. Metafísico en el sentido en que se entiende la metaficción como desarrollo de la autoconciencia (Jaime Alejandro Rodríguez, en &lt;i&gt;Autoconciencia y&lt;/i&gt; &lt;i&gt;Posmo-dernidad&lt;/i&gt;), en una vuelta de tuerca del lenguaje sobre sí mismo en su doble sentido trágico: el de la escritura como imposibilidad de lo real y la tragedia de un destino irresoluto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;VASOS COMUNICANTES CON LA HISTORIA&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;!--[if supportFields]&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="'font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial'"&gt;&lt;span style="'mso-element:field-begin'"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="'font-size:11.0pt;"&gt;tc &amp;quot;&lt;b&gt;Vasos comunicantes&lt;span style="'mso-spacerun:yes'"&gt;                    &lt;/span&gt;con la historia&lt;/b&gt;&amp;quot;&lt;/span&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if supportFields]&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="'font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial'"&gt;&lt;span style="'mso-element:field-end'"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;El camino recorrido por el Barroco Colonial, con tránsito en el Simbolismo y el Expresionismo, entre otros, hasta la dinámica incesante de la vanguardia contemporánea, en particular el Surrealismo y su fundamental antecesor el Romanticismo Alemán fijaron ese panorama en Colombia. La deuda incluye a los griegos, a Dante, Shakespeare, Milton y Calderón de la Barca, y algunos más entre los modernos y contemporáneos. Los poetas actuales colombianos –Bello y luego Silva habían trazado el camino– beben en las fuentes de los poetas europeos y algunos norteamericanos. Las vanguardias fundadoras en el s. XX y más recientes del mundo, eclipsaron la tradición nacional y en todas partes fueron asimilados los poetas Malditos Franceses (Lautréamont, Baudelaire, Verlaine y Rimbaud) y quizá por rechazo a esa poesía tan descarnada y vivencial, en todas partes se instauró una tradición de autores para iniciados: Mallarmé, Eliot, Yeats, Perse, Pound, Huidobro, Paz...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Silva nos trajo la universalidad (modernidad), nos legó la poesía francesa e inglesa. Otros escritores como Sanín Cano en filosofía y el propio Guillermo Valencia continuaron nuestro puente con Europa. Los Modernistas mezclaron vanguardia con tradición hasta llegar a Los Nuevos, cuyo nombre señalaba la renovación de comienzos del s. XX, las primeras rupturas con la métrica ortodoxa y&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;la ornamentación excesiva. Sin embargo, igual que con Piedra y Cielo, la crítica y las tomas de conciencia superaron las realizaciones estéticas.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;La auténtica vanguardia llegaría con la generación de Mito, verdadero&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;nexo&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;con&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;la literatura&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;internacional.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Luego con los poetas nacidos en las décadas del treinta y del cuarenta se establecería una continua asimilación de&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;modernización de la poesía escrita en Colombia haciendo un puente hacia la tendencia actual. En este tránsito sobresalen algunos nombres: Darío Ruiz Gómez, José Manuel Arango, Eduardo Gómez, Elkin Restrepo, Henry Luque Muñoz, X-504, Raúl Gómez Jattin, Jaime García Maffla, Giovanni Quessep, Harold Alvarado Tenorio, Augusto Pinilla, Juan Manuel Roca, Raúl Henao y Hernando Socarrás. Ellos anteceden a los poetas motivo de este breve estudio y preparan el camino para esa desesperación que podría denominarse visión “esencialista”, que pronto trascenderá el realismo crítico, los divertimentos ligeros, la imagen obvia y un cierto tono de reminiscencia de algunas generaciones anteriores. Entonces, la tradición convergerá y se actualizará en la metaficción y un sentido trágico aunque afirmativo: en una poesía de imagen que sólo pacta con la esencia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;EL ESCENARIO Y LA POLIFONÍA&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;!--[if supportFields]&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="'font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial'"&gt;&lt;span style="'mso-element:field-begin'"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="'font-size:11.0pt;"&gt;tc &amp;quot;&lt;b&gt;El escenario y la polifonía&lt;/b&gt;&amp;quot;&lt;/span&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if supportFields]&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="'font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial'"&gt;&lt;span style="'mso-element:field-end'"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;No hablamos aquí de una generación sino de una tendencia poética. Un mundo plural engendra artistas polifónicos. La poesía colombiana actual funde en su propuesta estética un trabajo riguroso con la imagen y con el concepto comprometido en su visión crítica del mundo, en su perspectiva existencial trágica y en un tratamiento metalingüístico del lenguaje.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Antes fue el símbolo, la imagen y el concepto. Pero la negación afirmó la poesía,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;luego Camus nos ilustraría: &lt;i&gt;un hombre rebelde dice no, la rebeldía y la revelación lo conducen al sí.&lt;/i&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;En el siglo XX, los movimientos se suceden, se traslapan entre los poetas sus tratos con el símbolo, con la imagen y con el concepto. Esta dinámica recurrente se fundirá en el Surrealismo y más tarde en lo Postmoderno. Así, la herencia del Barroco y del Simbolismo, en una dinámica moderna incesante (ser moderno es no permanecer o ser eterno en el instante), marcarán el hacer poético posterior: la poesía será imagen y concepto, plasticidad y reflexión, forma justificada en el pensamiento. La poesía moderna va diluyendo la frontera de lo nacional, es una conjunción entre sentir y pensar; y estas rutas de la poesía actual en el mundo trazan el prisma de la creación colombiana de las últimas décadas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;La anterior reflexión y la lectura de las tendencias estéticas actuales son una propuesta para el diálogo y pueden reagruparse en&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;cuatro&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;instancias,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;no&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;positivas&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;sino&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;permeables, no excluyentes sino complementarias: “esencialista”, “transmoderna”, “visión del vértigo” y&lt;i&gt; &lt;/i&gt;“cotidianista” (categorías útiles incluso a través del siglo). La tendencia nombrada como “esencialista”, convivió con los discursos de la Izquierda colombiana de los 70s, superó toda militancia a ultranza, pero difiere de la apatía política de la generación más reciente, aquí denominada “del vértigo”. Esta es una mirada no individual ni grupal, y siempre habrá nombres que niegan las generalizaciones. Los ideologemas, las percepciones sobre el mundo, se revelan así: La visión “esencialista”&lt;i&gt;,&lt;/i&gt; asume una lectura trágica y metalingüística, una fusión de la imagen con la necesidad conceptual, una poesía crítica, rebelde y reveladora. Los “transmodernos”&lt;i&gt;,&lt;/i&gt; hacen tránsito de un modernismo clásico a una reflexión narrativa cercana a la imagen, próximos a la reminiscencia y a la anécdota. Los “cotidinistas”, construyen una retórica del paisaje con referencia permanente a la anécdota inmediata, al panfleto amatorio o político. Y los ejercitadores de la visión “del vértigo” son un grupo de jóvenes con una poesía en construcción, marcados por metáforas cercanas al cine o al video y con una postura individualista y rebelde próxima al alarido.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Los nombres nos ofrecen una complicidad con el fenómeno, no agotan su devenir. Nadie ignora que toda clasificación oculta alguna arbitrariedad; sólo habría silencio, si no trazamos caminos a la memoria. Los términos esencialistas, transmodernos, cotidianistas y oficiantes del vértigo no reducen ni agotan el camino exegético, ni obedecen a una mera periodización, conviven en el espacio-temporal de la poesía colombiana actual; son una propuesta, una perspectiva hermenéutica. Surgen ante la necesidad de abstraer el inventario poético actual mediante ideologemas, aunque éstos no excluyen su propia fragmentación. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Nuestra reflexión privilegia la convivencia con el texto, la indagación ideológica-estética, antes que la figuración o la recepción medida en la estadística. Se resalta la construcción del canon en la&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;convergencia entre lectores y escritores en la confirmación de una renovación estética actualizada con las vanguardias del mundo, ya Bourdieu en &lt;i&gt;Las reglas del arte&lt;/i&gt; señalaba: los principales consumidores de poesía son los productores. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;UNA TOMA DE POSICIÓN &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;!--[if supportFields]&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="'font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial'"&gt;&lt;span style="'mso-element:field-begin'"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="'font-size:11.0pt;"&gt;tc &amp;quot;&lt;b&gt;Una toma de posición &lt;/b&gt;&amp;quot;&lt;/span&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if supportFields]&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="'font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial'"&gt;&lt;span style="'mso-element:field-end'"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;La propuesta estética&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt; de la poesía colombiana actual converge con la vanguardia epistemológica del saber científico del siglo XX, propugna la prefiguración de la realidad mediante la razón (Bachelard, &lt;i&gt;El nuevo espíritu de la ciencia&lt;/i&gt;); y en sabia hermandad el poeta es un vidente de la sensibilidad que con la palabra en medio de la tragedia vislumbra la ceniza en el juego. Esta anticipación no obedece a una subordinación de la realidad frente a su obra; es una recontextualización permanente de lo real: la linealidad causa-efecto y el sentido literal. Esta es la marca de la modernidad, ya no se plagia a la naturaleza (Gadamer, &lt;i&gt;La Actualidad de lo bello&lt;/i&gt;).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;El quehacer poético de las dos últimas décadas del siglo XX construye literatura desde la literatura, la reflexión poética se emancipa a sí misma. Octavio Paz había señalado que la condena de la modernidad es el cambio, nosotros agregaríamos la obligación de universalidad en la herida que debe ser compartida. En el ámbito de esta toma de posición, nuestra poesía se multiplicó, amplió abruptamente sus fronteras: La dispersión geo-cultural colombiana permite una provincialización de la metrópoli; así como una metropolización de la provincia. Nuestra metrópoli dialoga con la poesía del mundo con preferencia sobre el diálogo nacional. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Este&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;proceso&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;estético&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;de&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;la&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;palabra&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;rebasa los libros para fluir a través de algunos festivales,&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;revistas y antologías. Entre los primeros sobresalen el&lt;i&gt; Festival Internacional de poesía de Medellín&lt;/i&gt; y el &lt;i&gt;Congreso de Poesía en Lengua Española&lt;/i&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;(Inst. Caro&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;y&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Cuervo). Las escasas antologías que han trabajado algunas de las voces recientes son: la &lt;i&gt;Antología de Poesía Colombiana&lt;/i&gt; (Rogelio Echavarría), &lt;i&gt;Tambor en la sombra&lt;/i&gt; (Henry Luque Muñoz), &lt;i&gt;Inventario a contraluz&lt;/i&gt; (Federico Díaz-Granados), y la importante &lt;i&gt;Antología de la Poesía Latinoamericana del siglo XXI&lt;/i&gt; del prestigioso ensayista Julio Ortega donde compila algunos poetas colombianos bajo el título: &lt;i&gt;El turno y la transición.&lt;/i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;En cuanto a las revistas, jugó un papel importante en la difusión de la poesía el &lt;i&gt;Magazín Dominical&lt;/i&gt; (El Espectador&lt;i&gt;), El Siglorama&lt;/i&gt; (El Siglo)&lt;i&gt;,&lt;/i&gt; así como publicaciones y periódicos de provincia. En las dos últimas décadas revistas como &lt;i&gt;Punto seguido&lt;/i&gt; (Medellín) con más de cuarenta números reveladores dedicados a la literatura universal; &lt;i&gt;Vía 40 &lt;/i&gt;(Barranquilla), que difunde con agudo criterio las voces del Caribe; &lt;i&gt;Epigrama&lt;/i&gt; (Cartagena), que ha alcanzado siete números irradiando poesía; &lt;i&gt;Exilio &lt;/i&gt;(Santa Marta), punto de referencia para lo poetas de las nuevas generaciones; &lt;i&gt;Prometeo&lt;/i&gt; (Medellín), publicación de amplia trascendencia a la sombra de uno de los festivales de poesía más importantes del mundo; &lt;i&gt;Número&lt;/i&gt; (Bogotá), que ha sido por más de una década una ventana abierta al cuento y a la reflexión literaria; &lt;i&gt;Gradiva&lt;/i&gt; (Bogotá), poesía y crítica literaria, mostró durante un lustro el horizonte internacional de la palabra; &lt;i&gt;Puesto de combate &lt;/i&gt;(Bogotá), con trayectoria de 60 números publicando poesía, narrativa y teatro; &lt;i&gt;Libros y letras&lt;/i&gt; (Bogotá), reciente proyecto que trabaja sobre novedades y entrevistas literarias; &lt;i&gt;Revista de la Universidad de Antioquia&lt;/i&gt; (Medellín), que ha promovido la literatura nacional y mantiene un concurso nacional de poesía; &lt;i&gt;Ulrika&lt;/i&gt; (Bogotá), que ha sido por veinte años un escenario para la palabra poética; &lt;i&gt;Malpensante&lt;/i&gt; (Bogotá), que aporta la visión a estos ámbitos de los intelectuales norteamericanos de los años sesenta; &lt;i&gt;Deshora&lt;/i&gt; (Medellín), que ha asumido la búsqueda de inquietantes e inéditos universos poéticos; &lt;i&gt;Vericuetos &lt;/i&gt;(en receso), que ha contribuido con sus 8 números a ampliar el vínculo entre el español y el francés; &lt;i&gt;Común Presencia&lt;/i&gt; (Bogotá), que se ha especializado en traer extrañas voces de la poesía universal y en realizar entrevistas a más de treinta grandes creadores de nuestro tiempo; &lt;i&gt;Luna de locos&lt;/i&gt; (Pereira), empeñada en atravesar el desierto de la realidad en busca del oasis del poema; y tantas otras que por motivos de espacio no se citan pero que ante el absurdo distanciamiento de la cultura ejercido por los medios masivos de comunicación dibujan el mapa sensible de Colombia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Hemos asumido la pluralidad generacional, un hecho muy a punto con un fin de siglo llamado postmoderno. Incluso, el concepto mismo de generación ha sido discutido (insiste en este criterio Gutiérrez Girardot), y se ha hecho énfasis en el período de producción, más allá de la edad de los integrantes. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;La toma de posición en el campo artístico difiere en cada una de las instancias señaladas, la convergencia de unas voces nos conduce a una propuesta estética, a una mirada “esencialista” en su ámbito trágico y metaficcional. Sin embargo, una indagación desde cada uno de los autores y los textos&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;requiere de un trabajo y un espacio más amplio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;LA PROPUESTA ESTÉTICA&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;!--[if supportFields]&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="'font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial'"&gt;&lt;span style="'mso-element:field-begin'"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="'font-size:11.0pt;"&gt;tc &amp;quot;&lt;b&gt;La propuesta estética&lt;/b&gt;&amp;quot;&lt;/span&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if supportFields]&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="'font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial'"&gt;&lt;span style="'mso-element:field-end'"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;La orfebrería de la palabra bajo una actitud metafísica, una visión trágica del mundo y una actitud política crítica, constituyen el marco de la desesperanza del grupo de vanguardia de los poetas que se definen por su tono “esencialista”.&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;En este escenario hemos hablado de diversas tendencias y propuestas estéticas, clasificaciones aún&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;dispuestas a&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;la bifurcación. Nos ha interesado una&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;perspectiva particular en esta lectura:&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;condensar en cuatro instancias la convergencia entre la propuesta estética y la toma de posición ideológica. Ya se ha dibujado el horizonte, ahora es necesaria una clasificación a pesar de su posible arbitrariedad.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;De algún modo, los “transmodernos” y los “cotidianistas” son continuadores de la tradición. Por esto, nuestro esfuerzo en este momento gira en torno a mostrar una visión&lt;b&gt; Esencialista&lt;i&gt; &lt;/i&gt;&lt;/b&gt;como espíritu de un tiempo, como cambio coyuntural y estructural de la estética poética colombiana más reciente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;En las dos últimas décadas han coexistido variantes diversas, todas hacen un importante agregado a la poesía escrita en Colombia, aunque las propuestas renovadoras aparecen con más claridad en las voces que podrían denominarse “esencialistas” y “transmodernas”. Que no constituyen grupos como hecho conciente y gremial, sino como homología estética. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Veamos cuáles serían las huellas de las cuatro tendencias mencionadas:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;En este primer ensayo hemos privilegiado la muestra de los poetas cuya propuesta estética presume de metafísica y trágica. Obviamente, siempre surgirán las dudas sobre las rutas trazadas, pero es importante asumir el riesgo del pensamiento. Este ha sido un ejercicio iniciático de un análisis textual indispensable para ilustrar nuestra incursión y aproximarnos al intercambio de palabra y realidad en este país que no se ha caracterizado por un &lt;i&gt;“alto&lt;/i&gt;”&lt;i&gt; principio de violencia&lt;/i&gt; como lo quería Perse, sino por uno abyecto y bajo. Sin embargo, surge un tránsito de una a otra instancia, casi siempre en una progresión de elaboración, riesgo y complejidad, tanto estética como filosófica.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Los poetas que han cultivado su visión &lt;b&gt;Esencialista&lt;i&gt;,&lt;/i&gt;&lt;/b&gt; buscan a partir de las huellas discursivas de un mundo de utopías donde fueron formados, de una tendencia política y humanística de Izquierda, y de una palabra que no se contenta con comunicar sino que avanza hacia la interrogación del ser, matices que hacen posible su creación desesperada. Pretenden situarse lejos de los círculos del poder y a veces son víctimas del rigor y del refinamiento, o de una compleja –barroca– carga que al potenciar el sentido parece suspenderse. Nunca mantienen contacto con la academia ortodoxa ni ponen la palabra al servicio de la complacencia, pero a veces podrían parecer pesimistas y destructores. Asumen una tendencia ideológica radical a través de la poesía como vehículo de visión de mundo; prefiguran la poesía en sus vidas como los románticos, y como podrá notarse en los versos aquí citados tienen un fuerte vínculo con la muerte y con la noche.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Mauricio Contreras Hernández &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;(&lt;i&gt;En la raíz del grito, 1995&lt;/i&gt;)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;BAJOS LOS PUENTES&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;(...) Bajo los puentes&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;extraños pajarracos abaten sus alas cenicientas.&lt;b&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Bocas sin dientes desgranan la memoria y se funda&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;un linaje solitario, disperso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;En los jardines más atroces banquete espléndido:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;el insomnio cantando bajo los puentes. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;La propuesta estética de los “esencialistas” se construye en el ámbito del pensamiento complejo contemporáneo: revelación como conjunción entre la plástica de la palabra y el ejercicio filosófico tras la imagen expresionista y sugerente; su experiencia estético-ideológica se distancia de la reflexión social mediada por el símil y a veces la metáfora de los “transmodernos” –como se describirá más adelante– y del paisaje dialogado de los “cotidianistas”. Su visión trágica los acerca al humanismo (no al humanitarismo), a la angustia de ser; asumen el ejercicio de la literatura como visión integral de la existencia. Son consecuentes en una perspectiva de la resistencia política. Se deben a los poetas Malditos, al Surrealismo, al Expresionismo Alemán, a autores como: Quasimodo, Celan, Perse, Montale, Thomas; al Borges cuentista y ensayista más que al poeta, a muchos de los autores traídos por la revista Mito, a la ironía, a Nietzsche, a la contundente realidad del país, y aunque con frecuencia en sus palabras reina una insalvable desolación, nunca abandonan la imagen en el sentido que le da Reverdy a este concepto, y su poética filosófica siempre trata de indagar sobre nuestro destino trágico. Han perseguido los límites de la ciudad y del asombro, y los más transparentes sentimientos se oscurecen en sus profundidades:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Rómulo Bustos&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;(&lt;i&gt;El oscuro sello de Dios, 1988&lt;/i&gt;)&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;MONÓLOGO DEL ACTOR&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;De los varios papeles que he representado&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;el que más aplausos me ha cosechado&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;es el de víctima.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Los antiguos hablaban de catarsis.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Poco probable&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;es la actualidad del término.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Extraños fervores de este público&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;que goza con mi muerte.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Amparo Inés Osorio&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;(&lt;i&gt;Antología esencial, 2001&lt;/i&gt;)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;IGUAL MUERE LA HUELLA&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;El viento esculpe rostros&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;y tú que vigilas la hierba&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;desconoces ahora los indicios&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;de toda eternidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Fuera de ti &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;no hay raíces posibles.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;¿Cómo nombrarte &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;sin que crezca la muerte?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Omar Martínez Ortiz&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;(&lt;i&gt;Opción invisible, 1997&lt;/i&gt;)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;(...) ¿Alcanzarás la imagen que se guarda entre el dolor y la nostalgia?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;La luz que se desdobla entre las lámparas&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;detrás de la oscuridad que nos sitia&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;que nos acoge&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;frágil y descomunal&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;como la vida&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;como el vientre intemporal&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;avanza&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;esperando un gesto que no desdiga la historia&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;que alcances la transparencia absoluta&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;que despiertes sin humillación&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;la unión con lo invisible.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;William Ospina&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;(El país del viento, 1992)&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;LUCILA GODOY&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;(...) En tu exilio de huesos, en tu exilio de sombras,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;En tu pecho de hierba, en tu silencio, &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Compadece a esta pájara cautiva &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;en la tremenda jaula del mundo,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Entre el mar y la estrella, &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Amigo mío diluido en la muerte,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Mientras yo miro como abeja enferma&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;La rosa inhabitable.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Gonzalo Márquez Cristo&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;(&lt;i&gt;La palabra liberada, 2001&lt;/i&gt;)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;LAS PALABRAS PERDIDAS&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;(...) Alguien descifra la escritura de la lluvia y sin embargo no puede escapar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Un alud de imágenes nos extravía la palabra; acudimos al grito y al llanto, a veces a la indiferencia, pero sabemos que necesitamos de la guerra para ser inocentes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Todo lo ha ofrendado la ceniza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Desde que desterramos a la noche desaparecieron las más profundas alianzas y nuestros perseguidores pueden encontrarnos.&lt;span style=""&gt;            &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Una herida siempre recuerda la vida, todo nacimiento procede de un túnel. Un árbol arde en nuestros ojos de agua.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Yirama Castaño&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;(&lt;i&gt;Naufragio de luna, 1990&lt;/i&gt;)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Al fin, restan pocas cifras al cadáver.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Seguir el ensueño de mis lunas&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;para un asalto a plena luz del rostro que se esconde.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Soy yo,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;he descubierto&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;el revés de mi reflejo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;La visión “esencialista” es una de las cuatro instancias categóricas surgidas durante los últimos años, de las expresiones derivadas de la reflexión sobre el mundo y su propuesta estética en Colombia; reclaman y trascienden los postulados ya enunciados por Unamuno (&lt;i&gt;Credo poético&lt;/i&gt;), tras la herencia del barroco, de los &lt;i&gt;metafísicos ingleses, del Romanticismo Alemán &lt;/i&gt;y&lt;i&gt; &lt;/i&gt;el &lt;i&gt;Expresionismo:&lt;/i&gt; la fusión de música y pensamiento en un oleaje incesante con visos surrealistas...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Iván Beltrán Castillo&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;(&lt;i&gt;Consagración del espejismo, 1990&lt;/i&gt;) &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;INVENCIÓN ÚLTIMA DE LA CIUDAD&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;(...) Ciudad de la ortiga.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Hoy te hablamos&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;desarraigados&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;los que tendimos celosías a la felicidad&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;en tus esquinas,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;los que bebimos de tu sed&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;en la soledad multitudinaria&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;de los bares,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;y bailamos con sombras de mujeres&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;a la orilla del abismo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Su obstinación por hacer la pregunta esencial de la muerte y por transitar los senderos de la desolación es omnipresente en los poetas que estamos caracterizando.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Jorge García Usta&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;(&lt;i&gt;El reino errante 1991&lt;/i&gt;)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;(...) Cada hombre pagará &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;las lunas de su errancia&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Y&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;la familia será la más alta caravana &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Nunca lo olvides: el desierto está dentro de ti.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Germán Villamizar&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;(&lt;i&gt;Entre la espera y el acaso, 2002&lt;/i&gt;)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;(...) Ese río de Heráclito es un verso &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;que tiembla rencoroso en el poema.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;¿A cuál mar irá el verso desbocado? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Tal vez el mar y ese río &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;sueñen un barco en el camino náufrago, &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;un barco de velas rojas, &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;de mástil ciego entre vientos claros &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;con casco desprovisto de maderas &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;y proa cansada entre las aguas viejas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Nunca el río de Heráclito nos llega: &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;pensamos en sus aguas cual palabras &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;y soñamos sus formas y fantasmas.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Santiago Mutis&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;(&lt;i&gt;Tú también eres de lluvia,&lt;/i&gt; &lt;i&gt;1982)&lt;/i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;(...) ¿ Será que he muerto&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;–me pregunto–&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;y aún no han venido por mí ? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Oquendo, tú que sabes de estas cosas, &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;tú que eres árbol al que ya no codicia &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;el leñador del tiempo, &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;dime si he muerto&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;o dime si aquel trasatlántico era el olvido. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Eugenia Sánchez Nieto&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;(&lt;i&gt;Que venga el tiempo que nos prenda, 1985&lt;/i&gt;)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;CUERVO SIN ALAS&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Vendrán por ti&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Cuervos sin alas te jalarán&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Hacia el aire&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;En sigilo te rodearán&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Mas sólo el sueño, ese paso a la muerte,&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Te aliviará.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Ramón Cote &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;(&lt;i&gt;Poemas para una fosa común,&lt;/i&gt; &lt;i&gt;1984)&lt;/i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;PASADO&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Por ese puente comenzaba un río &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;a despojarse de sus nombres. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Sobre las piedras siglos de agua: &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;baldosa antigua que resbala hacia la muerte. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Mery Yolanda Sánchez &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;(&lt;i&gt;De Ritual para las noches, 1996&lt;/i&gt;)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;ATAJO &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Aún no cumplo la condena&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Sólo recojo&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Mis otras muertes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Antonio Correa Losada&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;(&lt;i&gt;Desolación de la lluvia,&lt;/i&gt; &lt;i&gt;1996)&lt;/i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;CANOA&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;En la cárcel del agua&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;una estrecha oquedad&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;lleva con parsimonia&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;las vigas de mi cuerpo&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;No sé si muero o vuelo&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;sobre oscuras maderas&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Herbert Protzkar&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;(&lt;i&gt;Desde todos los vientos, 1990&lt;/i&gt;)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;A los que mueren&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;cuando la noche se erige como una lengua;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;a los que vacían sus venas&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;para llenar el silencio;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;a los que caminan descalzos&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;para no profanar el roce de sus cuerpos&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Fernando Linero &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;(&lt;i&gt;Palabras para el hombre,&lt;/i&gt; &lt;i&gt;1998)&lt;/i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Breves de memoria y de olvido &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;como los niños que ahora repintan la rayuela. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Como el padre dormido. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Como el amigo que no volveremos a ver.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Cada cual con su tristeza. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Se entra y es ya un lugar del sueño. (...)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;La visión&lt;b&gt; “Transmoderna”,&lt;/b&gt; recoge la herencia del modernismo literario e ideológico, ha pactado con la razón y con el progreso sin descontar &lt;i&gt;las perversidades de la modernidad, &lt;/i&gt;y aunque están después del Modernismo y las vanguardias nunca llegan a ser &lt;i&gt;postmodernos... &lt;/i&gt;Es una actitud entre existencial y crítica, que asume el riesgo de la metáfora trabajada por la poesía española y algunas veces sus cadencias. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Su visión de mundo obedece a una relativa ortodoxia con eficaces espacios y ritmos, pero se pliega al espacio burgués estructurante; su proceso social definido precisa de la palabra más como instrumento que como meta, el desarrollo de la imagen casi nunca es radical y pocas veces está sostenida en la dialéctica propuesta por Lautrémont &lt;i&gt;(la poesía es la unión entre un paraguas y una máquina de coser sobre una mesa de disección).&lt;/i&gt; Sus influencias y su creación, con frecuencia coloquial, delata a la poesía brasileña, a Vallejo, Parra, y el Siglo de Oro. Los ejercitadores de esta percepción promulgan la búsqueda de un humor ácido en el ámbito de una realidad que pareciera estar resuelta, y disfrutan del cinismo. El divertimento y la nostalgia, la naturaleza y el paisaje, son puertos temáticos. Influencias como el Borges del poema, Stevens, Whitman, Pound, Eluard, Pavese, Cernuda y Salinas, son notables. Algunos nombres representativos de esta fundamental visión poética serían: Guillermo Martínez González, Eduardo García Aguilar, Luis Fernando Macías, Pío Fernando Gaona, Hugo Chaparro Valderrama, Fernando Rendón, Hernando Cabarcas, Gustavo Adolfo Garcés, Carlos Vásquez, Pompilio Iriarte, Colombia Truque Vélez, Luz Mery Giraldo, Miguel Iriarte, Piedad Bonnet, Rafael del Castillo, Tallulah Flórez, Alfonso Carvajal, Jorge Bustamante García y Álvaro Rodríguez.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;La visión &lt;b&gt;“Cotidianista”&lt;/b&gt; recrea con audacia la anécdota y los cuadros de costumbres imperan con metáforas cercanas a la canción popular o a la narrativa tradicional. Trascienden la cultura popular a través del verso en la búsqueda del símbolo de lo cotidiano, de lo elemental. Delatan sus deudas con los “beatniks” (Ginsberg, Bukowski, Kerouac); con Neruda, y la novela latinoamericana; se mueven en un paisaje urbano-provincial, es decir en ámbitos de barrio, y postulan posiciones humanitaristas, que muchas veces revelan un compromiso ligero. Trabajan con maestría el humor social. La poesía, pareciera ser un escenario de intensa lúdica y no una conjunción esencial entre creación y reflexión. Existe un gozo por la vida, un mundo de juegos semánticos, de propuestas eróticas y de agresividades sensuales –generalmente cuando es escrita por mujeres que parecieran estar descubriendo después de varios siglos de silencio las rutas y los ardores de sus cuerpos–. Cultivan su devoción por elementos sencillos y por la descripción. Proponen el reino de la metáfora en su definición más clásica. Al nombre de Edmundo Perry se unen Orietta Lozano, Armando Rodríguez Ballesteros, Carlos Alberto Troncoso, Jorge Torres, Ana Milena Puerta, Sonia Truque, Fernando Herrera, Gustavo Tatis Guerra, Samuel Jaramillo...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;La visión&lt;b&gt; “Del vértigo” &lt;/b&gt;agrupa poetas jóvenes con ansia de incursión en propuestas de ruptura, de vanguardia. Son atrevidos en su posición frente al lenguaje, los invade un deseo destructor. Reconocen y revelan entre sus influencias a Cioran, Pizarnik, Bukowski; los músicos populares Jim Morrison y Charly García (el rock). El Dadaísmo, el Nadaísmo (especialmente X -504) y Gómez Jattin, son fuentes de inspiración. Su orfebrería del lenguaje se acerca a la imagen &lt;i&gt;dadaísta.&lt;/i&gt; Radicalizaron su ruptura con los padres y con las estructuras familiares, pregonan una sexualidad abierta (muchas veces bisexual) y el sentido escatológico del mundo. Huérfanos, no pactan con la moda, pero han abandonado por completo el compromiso político. Tiene una gran deuda con el video, la televisión y la imagen cinematográfica; son parte de una generación que está más cerca del mundo virtual que de&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;los libros. En definitiva, plantean una escisión de creencias y valores, y tras un humor ácido se juegan la vida a los dados. Pero con frecuencia por buscar la originalidad a ultranza dan golpes de ciegos. Su obra aún busca su centro. Su rebeldía es fuente de imágenes ardientes. Algunos nombres cercanos a esta visión del mundo son: Andrea Juliana Encizo, Federico Díaz-Granados, Gonzalo Urrea, Andrea Cote, Carlos Héctor Trejos, Mario Armando Valencia, Felipe García Quintero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;EPÍLOGO&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;!--[if supportFields]&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="'font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial'"&gt;&lt;span style="'mso-element:field-begin'"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="'font-size:11.0pt;"&gt;tc &amp;quot;&lt;b&gt;Epílogo&lt;/b&gt;&amp;quot;&lt;/span&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if supportFields]&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="'font-size:11.0pt;line-height:150%;font-family:Arial'"&gt;&lt;span style="'mso-element:field-end'"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;Los poetas de la “visión Esencialista” han apostado a la abstracción reflexiva, al juego con la palabra como revelación, al tránsito a través de un lenguaje sin concesiones, en un proceso de fusión entre forma y contenido en la búsqueda de una respiración fundamental entre el sentir y lo dicho. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 150%; font-family: Arial;"&gt;El compromiso &lt;i&gt;esencialista&lt;/i&gt; es con la poesía, no en un sentido parnasiano de la palabra por la palabra, no&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;desde una poesía representativa de la vida como registro&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;creativo, sino como una visión de mundo en la cual la poesía es la vida misma, y así el orden se invierte: el poeta ha poetizado su vida y su obra surge como significado, como expresión de una experiencia en busca del símbolo totalizante. Sus creaciones son un modo de ver el mundo vertido en la palabra, y en esa experiencia desgarrada la palabra objeto se silencia ante la revelación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 14.2pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center; text-indent: 14.2pt;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size: 8pt; font-family: Arial;"&gt;Derechos reservados&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 8pt; font-family: Arial;"&gt;&lt;br /&gt;© Enrique Ferrer Corredor&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7678238456469006248-1405078659818207941?l=comunpresenciaensayos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/1405078659818207941'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7678238456469006248/posts/default/1405078659818207941'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://comunpresenciaensayos.blogspot.com/2006/12/cuatro-visiones-de-la-poesa-actual.html' title='Cuatro visiones de la poesía actual colombiana'/><author><name>Cuento Breve</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry></feed>
